LA HISPANOFOBIA

Desde hace algún tiempo -a consecuencia quizá de un brote de nuevo patriotismo literario- se habla en España de una hispanofobia que domina en el extranjero. No es fácil creer en esta hispanofobia. Que fuera y aun dentro del territorio nacional no se conoce bien a España es evidente. Pero, ¿es que se conoce bien algún país en el extranjero? Es evidente que no.

Las palabras anteriores son de Pío Baroja, y las he encontrado, bajo el mismo título que encabeza este artículo, en Las horas solitarias (1935).

«¿Qué país o qué pueblo no habrá tenido detractores?» se pregunta Baroja después de mencionar una obra que contribuyó a la leyenda negra, rematando así: «Sería fácil escribir un libro semejante sobre cualquier nación buscando opiniones de autores adversos a ella».

Antes, sobre el origen de la presunta hispanofobia, dice Baroja: «España se caracterizó en su época de mando y de mayor representación exterior con Isabel la Católica, Carlos I y Felipe II, por la defensa ardorosa de la unidad católica. Es lógico y natural que los autores de tendencia protestante y librepensadora no celebren su política. Tampoco la pueden celebrar los judíos».

Mediado el texto, pone Baroja el dedo en otra llaga. Escribe: «A mí me parece que no tiene mucha importancia para un pueblo la opinión adversa de unos cuantos escritores aislados; en cambio, sí la tiene el vejamen interior de unas regiones contra otras, de unas comarcas contra las vecinas y de unos pueblos contra los próximos. Eso existe en España, no sé si más que en otras partes, pero de una manera desaforada y frenética».

Repasa después Baroja las lindezas -tan presentes en el refranero popular- con las que nos hemos obsequiado, de una región a otra, los españoles, lo que le permite ir concluyendo de esta manera: «Si un extranjero tuviera interés -que seguramente no tendrá ninguno- en desacreditar a España, en el mismo país encontraría las acusaciones más agrias y violentas. El español, en general, ha sido petulante, mal intencionado, de espíritu localista y un poco estrecho. Los apodos y motes despreciativos que se han lanzado unas comarcas a otras y unos pueblos a otros formarían una lista muy larga».

Y termina así: «Se ve que el español es agrio y negativo. Es un poco estúpido achacar a los de fuera el descrédito cuando los de dentro contribuyen a él con más fuerza, más perspicacia y más saña».

Manuel Hidalgo ( El Mundo )