La historia oculta detrás del descubrimiento del Titanic

A pesar de que ya ha pasado más de un siglo, el Titanic sigue acaparando titulares de la prensa de todo el mundo que dan voz a nuevos y sorprendentes hallazgos, levantando al buque del polvo del olvido. Los restos del Titanic se descubrieron hace nada más ni nada menos que 73 años en el fondo del Océano Atlántico. Lo que no se sabía hasta ahora es que podrían no haber sido descubiertos si no fuera por un jefe de la Armada embarcado en una misión completamente diferente.

Una nueva exhibición, titulada ‘Titanic: The Untold Story’ (“La historia no contada”, en inglés) en el National Geographic Museum de Washington, revela una historia hasta ahora no conocida por la opinión pública sobre el oceanógrafo y explorador Robert Ballard, quien se dio de bruces en 1985 con los restos del buque más famoso de la humanidad mientras estaba envuelto en una misión ultrasecreta de la Guerra Fría.

Ballard fue la persona destinada a hallar dos submarinos hundidos de la armada, el USS Thresher y el USS Scorpion, los cuales se hundieron en el norte del oceáno Atlántico durante la Guerra Fría, según informa ‘The New York Post’. El gobierno de los Estados Unidos quiso conocer el impacto ambiental de los submarinos y averiguar si estaba todo en orden. Pero Ballard quiso llevar su misión más allá y solicitó financiación para localizar el Titanic después de varias expediciones fallidas, en gran parte debido a la dificultad de llegar hasta el buque, sumergido a 4 kilómetros de profundidad y donde la presión del agua alcanza hasta casi los 3.000 kilos por metro cuadrado.

 Guiado por su instinto, Ballard intuyó que los restos del “insumergible” estaban cerca de los dos submarinos, y contra todo pronóstico y desoyendo las órdenes de sus superiores, decidió explorar en el fondo del océano hasta dar con él. Otros tardaron meses en localizar el barco sin éxito, pero el ilustre explorador empleó menos de dos semanas hasta completar su primera misión.
¿Qué fue lo que le hizo salir victorioso en su misión? Sin duda, la prudente observación de que había que investigar no debajo del mar, sino en la superficie. Ballard supo que el buque se había partido en dos, por lo que tuvo necesariamente que dejar un rastro de escombros a medida que se hundía en el pozo del océano. Estudió cada detalle del Titanic y decidió buscar no el barco en sí mismo, sino sus restos.
A las 2 de la madrugada del 1 de septiembre de 1985, Ballard y su equipo descubrieron los restos del transatlántico en el fondo del Océano Atlántico, a 1.930 kilómetros de la ciudad de Nueva York, frente a la costa de Terranova. Ballard y varios miembros de su tripulación vieron cómo los robots sumergibles ofrecían imágenes de la caldera del Titanic, algo que no se había visto nunca hasta entonces. La leyenda se había convertido en mito; el mito, en realidad. “Estábamos en el mismo lugar en el que se hundió”, confesó emocionado Ballard a ‘National Geographic’. “La Marina no esperaba en absoluto que encontrara el Titanic, así que cuando eso sucedió, nos pusimos realmente nerviosos”.

La extensa exposición transporta a sus visitantes al viaje a bordo del transatlántico, mostrando artículos de lujo y compartiendo las historias comunes y colectivas de sus pasejeros en su trágico viaje inaugural. En ella se pueden observar imágenes increíbles y artefactos de la época, como el abrigo usado por la célebre superviviente Marion Wright Woolcott, y objetos de expedición nunca expuestos con anterioridad, incluido el módulo con el que Ballard y su equipo inspeccionaron el interior del buque por primera vez en la historia.

El Confidencial