A pesar de que el santo se ha vestido con el Covid-19 y sus falacias, lo que no cabe en cabeza cuerda es que España haya sido nuevamente humillada por el régimen despótico y corrupto de Marruecos descrito en 2012 en El País con tanto detalle que produce náuseas.

Uno de los autores del reportaje sobre el “rey depredador”, Mohamed VI, Eric Laurent, es el mismo que, en sus entrevistas frecuentes con Hassan II, consiguió que éste dijera con claridad que lo ocurrido con la Marcha  Verde en plena agonía de Franco “fue un horrible chantaje, pero un chantaje lícito y no reprimido por ley alguna”. Así lo recuerda Pedro Fernández Barbadillo en su artículo sobre las mentiras de España sobre el Sáhara.

El que de un día para otro un país como Marruecos suspenda un encuentro al más alto nivel con España, es grave. Que tal cosa ocurra cuando se tiene la crisis de la inmigración clavada en las costas canarias que fuerza al gobierno a hacer un “tráfico gubernamental” canallesco e inmoral de Inmigrantes a la Península con la ayuda de Cruz Roja, cuyos dirigentes son nombrados por el gobierno, es de nota.

Que tal encuentro haya sido suspendido cuando los saharauis de la República Árabe Saharaui Democrática (1976) hayan anunciado la reanudación de la guerra con Marruecos, es más que significativo.

Desde siempre se ha demostrado, ahora una vez más, que la diplomacia marroquí es mucho más astuta y habilidosa que la española. Amparado el reino alauita por Francia y Estados Unidos para según qué cosas cada cual, desde el control de una ribera del Estrecho de Gibraltar al peaje del gas argelino y otros productos vitales, a la introducción de una cuña antiterrorista islámica en el mundo musulmán o a la permanente presión sobre España, la nueva victoria de la estrategia marroquí humilla a la cancillería española y deja en paños menores a un gobierno que, por lo visto, no sabe lo que se trae entre manos ni con quien se las gasta.

Expertos hay sobre lo que ocurre realmente en las relaciones hispano marroquíes y son los que deben iluminarnos a todos sobre los nuevos factores presentes en el tablero que dejan a España en situación precaria. El reconocimiento de Estados Unidos de la soberanía marroquí sobre el antiguo Sáhara español acompañada de la simultánea restauración de las relaciones diplomáticas con Israel por parte de Marruecos, hacen que nuestra diplomacia haya quedado en ridículo.

En medio de todo, la población original del Sáhara español, poco menos de 200.000 personas para 270.000 kilómetros cuadrados, va a ser conducida de nuevo a la guerra (que interesa a los de siempre) para recuperar lo que parece ya un imposible derecho a la autodeterminación, traicionado por la ONU, por España y por todos a pesar de haberse firmado y aprobado un proceso que debería haber acabado en el surgimiento de una nueva nación entre Marruecos y Mauritania y frente a las costas canarias.

Fue el interés de Argelia, de su mentora, la URSS y el camino emprendido por el propio Franco tras haberse hecho con el territorio la II República española en 1934.

No cabe duda de que a España le hubiera interesado que una nueva nación saharaui de habla árabe y española hubiera presionado a Marruecos por el Sur y a Mauritania por el Norte al tiempo que blindaba la defensa de las Islas Canarias.

Pero las cosas no fueron nunca así ni parece que vayan a serlo jamás tras el movimiento de Donald Trump y Mohamed VI. Tras las declaraciones absurdas de todo un vicepresidente, Pablo Iglesias, defendiendo la versión comunista de una facción saharaui y atacando los intereses marroquíes, Marruecos le ha dado un portazo más a España elevando el precio de un nuevo acuerdo.

Nos quedamos con un corredor de inmigrantes ilegales sin control, con una probable guerra en el Sahara a 80 kilómetros de las costas canarias, con el paso diplomático cambiado a la fuerza y evidente, con una ciudadanía desconcertada, cuando no ignorante, acomodada e indiferente en España, y con una población saharaui sacrificada de nuevo, por unos y otros, de forma inmisericorde.

Y todo en plena pandemia. A la “marcha verde” le ha sucedido el paseíllo Covid y el gobierno de España, que no quiere ser español en casi su mitad, ni se ha enterado.

Que este gobierno deje de debilitar a la nación española es ya de urgente necesidad.

Pedro de Tena ( Libertad Digital )