La mejor representación de que es cierto que el mundo está loco, la muestra Putin, ejecutando el magnicidio de su locura, bombardeando centrales nucleares, hospitales, puentes y comunicaciones, asesinando a hombres, mujeres, niños y ancianos, y no dejando títere con cabeza.

Sienta la comida mal ante estas imágenes de sangrante dolor y gritos, la huida de los refugiados, tanta hambre, necesidades y terrorismo gratuito. Pues se ven en el telediario de las tres, cuando se come, y se piensa en los que no tienen que comer, sino huir de la guerra, el dolor y la muerte.

Esa realidad que parece increíble es tan cierta como que estamos aquí, en cuerpo y alma. Quizá con la conciencia herida. A servidor ya se le ha cortado la digestión varías veces. Recuerda lo mal que lo pasó cuando el atentado de Irene Villa, que ya llovió… Vio las imágenes y las víctimas sangrando, recién cometido el atentado. Se le quedaron grabadas. Era un atentado más de la ETA, que fue televisado nada más cometerse.

A 10 años del anuncio de ETA de que dejaba de matar, y el 17 de octubre de 1991 la banda terrorista detonó una bomba que voló el 127 de María Jesús, que llevaba al colegio a su hija de 12 años. La niña quedó tan malherida que, en un principio, se le dio por muerta.

A 30 años del atentado que le costó a Irene Villa las piernas y tres dedos de una mano y, a su madre, María Jesús González, una pierna y un brazo, seguimos con la ETA, pero con un paso más, en el poder. Ni ZetaP, ni Pedro Sánchez ni ahora Putin por todo lo que hace en Ucrania, antes en Crimea, se les heló el corazón; no sintieron el menor efecto por estas imágenes criminales espectaculares. Juraría que estas imágenes a este tipo de gente, no sólo no les conmueve, si no que les hacen disfrutar, de no causarles indiferencia.

Qué duda cabe que estamos ante monstruos disfrazados de lo que quieran, pero llevando dentro al mismo demonio cuya primera mentira consiste en negar su existencia.

Esto no puede hacerlo una persona que consideramos normal moralmente, ya que dista tanto de toda normalidad, como de la falta de moralidad. Son hechos motivados por quienes carecen de toda empatía y solidaridad con el prójimo.

Si hoy hay quien muestra su afecto por los asesinos políticos, y no les importa que estos criminales lleguen al poder o ya estén en él, y sean sus votantes, pues ya sabemos por qué pasa lo que es está pasando.

Cómo intuíamos que la maravillosa paz y progreso que vivimos con Franco, se acabaría. Pues aquí lo tenemos. Lo que pasa hoy en la sociedad española jamás se ha visto. Lo que pasa con la casta política, tampoco. Antes no existía.

Llegaron pronto los listos, enemigos de España y la civilización y todo lo invirtieron, poniendo la era de paz franquista de lo peor.  Criminalizándolo todo. Enfangando y embadurnándolo todo.

Invirtiéndolo todo al ponerlo patas arriba para lograr su destrucción sola, por su propio peso. Son los que se nombran «progresistas» que omiten que su progreso consiste en su enriquecimiento personal sin importarles para nada el del pueblo al que engañan.

Es más, les gusta hacer daño, como cuando sacaron a Franco por los aires, nada más y exclusivamente por herir y hacer daño; sin ningún otro objetivo. Son gentes sin corazón y conciencia, sin moral ni vergüenza. Llenos de hipocresía y soberbia, primer pecado capital. Y ahí los tenemos en el poder y para ya no dejarlo. Y ahí tenemos su obra parecida a ellos.

Vaya usted a decirle a Putin que deje de matar y al mundo en paz, pues lo mismo que a los enemigos de España preocupados en su medro personal a cuenta de dividir a los españoles y echarlos por el precipicio. Empeñados en repetir la peor historia de España; la guerra civil, que ellos empezaron igual que hoy, que nos llevó al mal, la desesperación y la muerte.

El país está alterado, alienado, sintiendo la locura en sus sienes, amedrentado y desorientado. Chernóbil bombardeado por Rusia está vertiendo gases radiactivos que pueden dañar al mundo en 24 horas que son las que tarda el globo terráqueo en su vuelta de rotación sobre sí mismo.

Por si fuera poco el sátrapa de Putin amenaza con apretar el botón nuclear. La guerra repercute en toda Europa y ya la estamos sintiendo. Y en semejante situación Pedro Sánchez se ocupa en un documental televisivo, que le hace una productora, una serie, sobre su vida. Su megalomanía de emperador es lo que le importa, y que es semejante a su peligrosa locura.

Cuando tanta amenaza se cierne sobre nuestras cabezas, el descomunal latrocinio social-comunista, con su propaganda y ostentación, y el plan de descoyuntar la nación en la amoralidad, en la pobreza energética y las demás pobrezas, que nos meten en la miseria, y en la inseguridad, ¿se puede vivir así tranquilos?

Fígaro ( El Correo de España )