LA INDEPENDENCIA ERA ESTO

Torra dijo que la muerte era culpa de España. Puigdemont también lo dijo. Lo repitieron algunos de sus consejeros. En la imaginaria Cataluña independiente no habría víctimas, ni siquiera contagios. Caló entre la turba independentistas que España mataba, tal como hace años asumió que «nos robaba».

La desescalada llegó, las autonomías recuperaron sus competencias y la Generalitat se limitó a hacer seguidismo del Gobierno, sin tomar ninguna medida que tuviera que ver con las peculiaridades de cada uno de sus territorios. Pocos diagnósticos, menos seguimientos y el rastreo inexistente.

Torra y su consejera de Salud, Alba Vergés, han demostrado ser los políticos más inconsistente de Europa. Ha sido tal la dejadez, ha sido tan exagerada la falta de previsión y de iniciativa, que Barcelona concretamente y Cataluña en general han despertado esta semana de repente y no era una pesadilla.

La independencia era esto. Otras comunidades han funcionado mucho mejor, y aunque continuamos inmersos en la pandemia, han sabido protegerse de ella como ciudadanos libres, tomando medidas e invirtiendo los recursos necesarios, en lugar de estarse mirando todo día el ombligo como paletos provincianos con muy poca dignidad para tanto orgullo. Existe la desgracia.

Existe lo que no puedes controlar y un día te arrasa. Y también existe lo desconocido y las primeras veces que no sabes cómo enfrentarte a ello. Pero lo que no existe es la causalidad cuando teniendo la información la desdeñas, cuando en lugar de trabajar para proteger a tus ciudadanos, te dedicas a insultar a los que no piensan como tú y a condenar al conjunto a un plus de intemperie.

Ha sido tal la negligencia de Torra, tal su desfachatez y su irresponsabilidad, que tendríamos que aprender de ello para crear alguna figura en nuestro sistema penal que nos permitiera perseguir legalmente a los políticos que perjudicaran de un modo tan grave los intereses y la vida de sus ciudadanos.

Torra ha sido la peor humillación que el independentismo ha vivido en siglos. Ni la ridícula declaración de independencia de Puigdemont, ni la broma de los tres años de cárcel o la cobardía de los fugados han provocado el deshonor y el desprestigio con que hoy tenemos que volvernos a quedar en casa.

Salvador Sostres ( ABC )

viñeta de Linda Galmor