El triunfalismo con que el Gobierno insiste en tapar las crecientes carencias, no solo económicas, que afectan a España ha situado en un segundo plano del debate la crisis migratoria.

En lo que va de año, el número de inmigrantes llegados a nuestras costas, principal vía de acceso, ha crecido más de un 50 por ciento respecto a 2020, cifra que se dispara en el caso del archipiélago canario.

No hay datos de Ceuta desde el asalto del pasado mayo. Oficialmente los están procesando, que es lo más parecido a ocultarlos.

La estadística que reconoce el propio Ministerio de Interior, sin embargo, es suficiente para que el Ejecutivo adopte medidas urgentes: 28.729 personas han entrado en España de forma ilegal de enero a septiembre.

Sobra triunfalismo y falta transparencia para reconocer una crisis cuyas dimensiones no dejan de aumentar y que revela la incoherencia, consecuencia directa del populismo, en este caso de manga ancha y puertas abiertas, con que la izquierda aborda cualquier problema.

ABC