Estamos sobrepasando cualquier línea roja de moralidad y cordura. Esta sociedad que nos están montando no solo es un disparate, es la consecuencia de una ingeniería social que atenta desde hace mucho tiempo contra todos los valores de la civilización cristiana que es el germen, quieran o no, que ha sustentado todo nuestro bagaje histórico y social.

Esta sociedad que eliminó con paso firme todo lo relacionado con el concepto de Dios ha caído guiada por unas políticas infames en manos de unos principios y acciones sociales que están consiguiendo que Sodoma y Gomorra sean una realidad aterradora en este siglo XXI rompiendo todo principio de derecho natural para conducirnos a este espanto que nos toca padecer.

Primero fue el institucionalizar la fiesta de los invertidos y bolleras convirtiendo el centro de Madrid en un estercolero de mierda y asco, y lo digo así de crudo porque vivo a pocos metros de la Plaza de Chueca. Los numeritos que esta basura humana montan en mi barrio son para llorar de pena y rabia. Lo llaman «Orgullo» y yo me pregunto qué entiende esta fauna por orgullo, porque desde luego se puede estar orgulloso de muchas cosas en la vida, pero desde luego de lo que representan ellos, no.
Todos los partidos menos VOX aplauden este aquelarre sucio e inmoral. No pasa nada. Ahora la antigua cajera del supermercado y analfabeta funcional a la sazón ministra de igualdad y no sé  de qué cuantas cretineces más acaba de dar vuelo a ese engendro llamado Ley Trans que supone que cualquier persona o persone pueda cambiar de género, y esto que dicho así puede provocar risa es muy grave, porque entre otras barbaridades esta ley tan progre hace posible que un niño, por ejemplo, de 16 años quiera cambiar de sexo sin permiso de sus padres solicitando a un juez no solo el cambio de nombre y de identidad, sino además de un tratamiento hormonal sí así lo solicita, como también puede pedir una cirugía genital.
Esta barbaridad, este atentado contra la biología se aprobó hace unos días en consejo de ministros como anteproyecto de la ley trans, luego tendrá que ser ratificada en el Congreso y teniendo en cuenta la catadura moral de la tropa que ocupa sus escaños hay que ser muy ingenuo para pensar que no va a ser aprobada.
Esta aberración de ley complementa el crimen del aborto y la eutanasia por poner solo dos ejemplos. Esta gentuza que nos desgobierna se ha cargado la familia y ha dinamitado no solo cualquier principio de idiosincrasia nacional y moral también ha triturado cualquier principio jurídico y moral.
Las políticas globales son esto y Europa, salvando países como Hungría o Polonia que resisten con unos principios morales fuertes y que muy pronto saldrán corriendo, está abocada a un desastre de efecto incalculable. Primero retiraron los crucifijos de las escuelas y de los centros oficiales y eso no es un hecho sin importancia porqué abrió una puerta a todo lo demás, y con paso lento pero seguro con el mal como bandera, iniciaron un camino para acabar con cualquier vestigio de cristianismo y además con el silencio cómplice de una Iglesia cada vez más fuera de sitio y más cobarde.
El panorama a contemplar es una sociedad vacía, sin alma ni futuro, que vive idiotizada por artilugios infernales que los esclavizan sin ser conscientes de ello, el veneno de los móviles, las redes sociales que han sembrado ese relativismo impuesto por los que mueven los hilos de este invento que llamamos sociedad y que cada día que pasa da zancadas de gigante en dirección al caos y a la alienación que ya iniciada en poco tiempo será total.

Leyes como esta Trans son el mejor ejemplo y por desgracia creo que no último de un país ya irrecuperable. Pura ciencia proletaria o, mejor dicho, comunismo puro y duro. Nos miramos en el terrible espejo chino y realmente da mucho miedo.

Alejandro Descalzo (El Correo de España )