LA INQUISICIÓN SIGUE ENTRE NOSOTROS

El movimiento independentista catalán es el verdadero heredero de aquella Inquisición de la España de los Reyes Católicos y nada más parecido a las actitudes de Torquemada que lo que hacen y dicen Puigdemont y Torra.

Cuando sus partidarios agreden o insultan a los concejales no nacionalistas, cuando quieren imponer el catalán como lengua única, cuando arrojan tinta sobre quienes no piensan como ellos, cuando atentan contra las sedes del PP y Ciudadanos, están actuando con una mentalidad inquisitorial.

Pero los independentistas no son los únicos que practican esos métodos porque desgraciadamente hemos visto esas actitudes -salvando las distancias- en la política de pactos municipales. Hemos presenciado odios africanos, maniobras éticamente inaceptables y descalificaciones con un tufo a tiempos pasados.

No entiendo ni la superioridad moral de la que se arroga la izquierda para despreciar a sus adversarios de la derecha ni la negativa tajante de Casado y Rivera a permitir que Sánchez gobierne sin depender de ERC o el PNV. Detrás de ese rechazo irracional a pactar con el adversario, hay una añoranza de una pureza religiosa que tiene hondas raíces en el pasado. En España llegar a acuerdos con el que no piensa como uno es contaminarse.

Tampoco se acepta fácilmente la victoria del contrincante político como vimos el sábado en Pamplona, donde el candidato de Navarra Suma fue insultado y abucheado en claro desprecio a los resultados electorales.

Los analistas políticos nos han explicado quien ha ganado y quien ha perdido en el reparto de poder municipal, pero yo creo que todos han perdido porque no se ha pactado a favor sino en contra. Esto tiene mucho que ver con ese talante inquisitorial que demoniza al adversario y le niega sus derechos con el pretexto de salvar su alma pecaminosa. ¡Vaya país!

Pedro García Cuartango ( ABC )