LA INÚTIL POLÉMICA

La exhumación de los restos de Franco es tan inútil como autolesiva, hasta el punto de recordarme el grabado de Goya donde muestra cómo debatimos los españoles: a estacazos. De entrada, porque Franco no debe estar en el Valle de los Caídos que, como su nombre indica, es donde reposan quienes murieron en nuestra última guerra, y él la sobrevivió casi medio siglo. Por otra parte, nunca mostró deseos de ser enterrado allí, es más: compró un panteón familiar en el cementerio de El Pardo, muestra de su última voluntad. A mayor abundamiento, al llegar la democracia, nadie mostró interés en sacarle de donde ésta, como si perteneciera definitivamente al pasado.

La polémica surgió con la Ley de Memoria Histórica, un legado de Zapatero tan dañino como el «Os daré lo que me pidáis» a los nacionalistas catalanes, aunque responde a una antigua y profunda herida de nuestra izquierda: no haber digerido que Franco muriese en la cama tras 38 años de mandato, que oculta un resentimiento aún más destructivo: haber perdido la guerra. Volver a librarla y ganarla es su mayor sueño.

Como es físicamente imposible, se contenta con exhumar a Franco. Si pudieran, quemarían su cadáver, como la Inquisición con los herejes. Tienen que contentarse con sacarlo de donde está. El actual ministro de Cultura lo explica así: «Sacar a Franco cuanto antes y dar al Valle de los Caídos el papel que han adquirido los campos de concentración nazis, que se han mantenido para que la gente no olvide el horror». Con lo que emula la falta de lógica de su antecesora en el cargo, hoy vicepresidenta, pues si el Valle de los Caídos es equiparable a los campos de concentración nazis, mantenidos para conservar la memoria de su horror, ¿por qué sacan a Franco de allí? ¿No se dan cuenta de que lo exculpan de tal horror?

Mientras negocian con los secesionistas anular la sentencia del presidente de la Generalitat que se sublevó contra la República a cambio de sus votos y, con Podemos, emascular al Senado, donde el PP tiene mayoría, y hacer lo que quieran. Así empezó el chavismo, con la ambición, la cerrazón y la trapichería del brazo.

La urgencia de ese decreto-ley de exhumación no aparece entre las preocupaciones de los españoles -paro, Cataluña, inmigración, pensiones, etc.-, aunque sí entre las de Pedro Sánchez, al que se presenta un otoño tórrido, con los nacionalistas en plan de guerra, el techo de gasto sin subir, asaltos a la valla de Ceuta y pateras en el Estrecho. ¿Ustedes creen que se resolverá desenterrando a Franco?

Dicho de otra forma: ¿qué los españoles somos tan tontos? Habrá quien diga que sí, sobre todo entre quienes todavía sueñan en ganar la guerra, aunque sólo sea sacándolo de su mausoleo sin saber qué hacer con él. Pero me resisto a creer que la mayoría caiga en tan burda trampa, y más bien se atenga al bíblico «dejad en paz a los muertos». Lo malo es si mandan los guerracivilistas.

José María Carrascal ( ABC )