La izquierda ha desatado una guerra sin cuartel contra el modelo político que el Partido Popular viene aplicando en Madrid. Es una guerra política en la que a la izquierda le vale todo con tal de acosar y derribar no solo los gobiernos autonómico y municipal de la derecha, sino el valor político que representan semejantes polos de poder en manos del PP.

Los populares gobiernan en la Comunidad Autónoma de Madrid desde hace veinticinco años, cuando Alberto Ruiz-Gallardón logró la primera mayoría absoluta. Tras las elecciones de 2015 y 2019, el PP ha necesitado el apoyo de Ciudadanos, en ambos casos, y de Vox, en las últimas.

Sin embargo, se ha mantenido constante una línea de gobierno basada en el crecimiento económico, la expansión de las clases medias, la atracción de empresas y talento y el contrapunto a la insolidaridad endémica de los gobiernos nacionalistas de otras comunidades.

No han faltado las sombras, principalmente asociadas a casos de corrupción en personas vinculadas al PP. El Gobierno municipal de la capital ha sido también un bastión del PP desde 1991 hasta 2015, recuperado en 2019, tras la fracasada experiencia de Manuela Carmena, gracias a un pacto de gobierno con Cs.

Para el PSOE, la extrema izquierda y el separatismo catalán esta fortaleza del centro-derecha en Madrid es inasumible porque constituye un muro de contención a su objetivo de cambiar el modelo de Estado y vaciar la Constitución.

El clima de libertad que impera en Madrid es gracias a uno y a otra. Contra el Gobierno de Díaz Ayuso se ha utilizado desde una vacua polémica por su alojamiento durante la pandemia a echarle en cara los fallecidos por Covid-19 en las residencias.

Visto que la presidenta ha resistido firmemente este acoso, al que ha respondido con una evolución favorable de la pandemia, el PSOE ha activado un plan de devastación fiscal de Madrid, lanzando por delante a su nueva vanguardia para la dirección del Estado: los proetarras de Bildu, la extrema izquierda de Podemos y los separatistas catalanes. Cuando un partido como el PSOE, que se califica de Estado, tiene que recurrir a estos aliados es que su desesperación está descontrolada.

La izquierda ha convertido a Madrid, en efecto, en la denominación de origen de un modelo político que enmienda la plana de todos sus prejuicios. Actividad económica alta con una fiscalidad baja; servicios públicos eficaces, aunque mejorables; estabilidad política sin extremismos; apertura social sin localismos nacionalistas ni lucha de clases.

Turismo, cultura, empresa y educación tienen en Madrid una proyección al más alto nivel, sin ignorar los problemas de cohesión social y desigualdades que se generan en toda región que vive con dinamismo su desarrollo.

Frente al crecimiento de las clases medias madrileñas -indiscutible en los municipios del sur de la capital- y sus aspiraciones de mayor calidad y nivel de vida, la izquierda no tiene propuestas y demuestra no conocer al electorado de Madrid. Las izquierdas se empeñan en describir Madrid como lo que no es y, por eso, los ciudadanos de esta comunidad no confían en ellas.

El tándem formado por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y la presidenta del Gobierno autonómico, Isabel Díaz Ayuso, gana enteros cada vez que el PSOE y sus socios exhiben contra ellos su visceralidad.

El último regalo de la izquierda al PP madrileño es sacar a Gabriel Rufián a denunciar el «paraíso fiscal» madrileño. Lo hace el portavoz de un partido que tiene a su líder, Oriol Junqueras, condenado por malversar el dinero de los catalanes.

Muy mal tiene que estar el PSOE para convertir a Rufián en su punta de lanza contra Madrid.

ABC

viñeta de Linda Galmor