Con la excusa de poner orden en el galimatías de grados universitarios de tres años, cursos de postgrado y másteres, el ministro de Universidades se ha propuesto aprobar por decreto -otra vez por decreto- una profunda reforma que acabe definitivamente con las carreras de tres años.

El populismo empuja al Gobierno a argumentar que lo hace para abaratar el acceso a la universidad, y aunque no falta razón en que es necesario un reordenamiento de la oferta de carreras, la letra pequeña de todo el proyecto legislativo es preocupante.

El plan de reformas se dirige casi en exclusiva contra las universidades privadas para castigarlas con el IVA y limitar su oferta de másteres y, por tanto, su volumen de negocio.

Es ese clasismo inverso tan propio de la izquierda, que además complementa con una suerte de sindicalización forzosa para los alumnos: se les concederán créditos para aprobar los cursos siempre y cuando aumenten su «participación universitaria».

Vuelven los viejos complejos de asamblearismo caduco, los privilegios al movimiento estudiantil frente al poder de los rectores, y la sindicación y la ideologización como ganchos frente a la excelencia, el esfuerzo y el mérito.

El tufo chavista es innegable.

ABC

viñeta de Linda Galmor