No se trata de un título retórico, se trata simple y llanamente de la constatación de una triste realidad que, con un poco que nos detengamos a observar, percibiremos de inmediato.

En estos días de bozales, limitaciones de libertad al más rancio estilo nazi-bolchevique -no hay que olvidar que el partido de Hitler era, precisamente, el Nacional SOCIALISTA-, distancias sociales, prohibición de manifestaciones y protestas, mientras la unidad de España, al igual que su economía se van al garete, estamos de lleno metidos en un nuevo proceso electoral catalán que, por cierto, ya se encargarán, los que mueven los hilos, de que no nos depare sorpresa alguna, al menos en lo que a resultados se refiere.

No deja de sorprender que, en estos días en los que parece que el “chinovirus” está volviendo a hacer de las suyas, obligando a limitar aun más nuestra libertad de movimiento con cierres perimetrales y reducción drástica, cuando no supresión, del horario comercial, convoquen a una parte de los españoles a un proceso electoral, guiados únicamente por el interés de un partido, en este caso el socialista -no podía ser otro a la hora de plantear una cacicada-, tratando, como siempre, de jugar con ventaja.

Dicen que los infectados con la COVID 19 podrán concurrir a las mesas electorales a partir de las ocho de la tarde del día de los comicios; eso sí, nos aseguran que los que formen parte de los colegios electorales estarán provistos de “epis”, o como se llame eso, para evitar contagios.

¿De verdad, alguien cree que una persona que se sepa contagiada de la COVID 19 se va a presentar a las ocho de la tarde en un colegio electoral para así identificarse como foco de contagio ante sus vecinos? Pobres ilusos. El que tenga esta enfermedad, que por cierto no se advierte con solo mirar a los ojos al que la sufre y muchos menos por la exhibición del DNI, se presentará a cualquier hora para evitar que lo marquen, ya que corre el riesgo de que, al día siguiente, estos talibanes que nos gobiernan le coloquen una cruz amarilla sobre el abrigo para mejor identificarlo.

Pero bueno, allá cada cual. Sin embargo, los tiros, en este caso, no van por ahí.

Con motivo de la campaña electoral catalana, estamos asistiendo, como no, a la escenificación de la maldad y miseria de la izquierda, encabezada, claro está, por los socialistas que, a lo largo de la historia de España han demostrado, con creces, formar parte del partido más miserable, corrupto y antiespañol de todo el arco político nacional, aseveración esta que puede contrastarse por medio del análisis de la historia reciente de España -Semana Trágica de Barcelona en 1909; huelgas salvajes de 1916 y 1917; proclamación de la República tras unas elecciones municipales que ni siquiera ganaron los de esta opción; golpe de Estado contra la República en 1934; elecciones fraudulentas de 1936; guerra civil; etc., etc.-, por tanto no se trata de una apreciación subjetiva y simplista, son hechos contrastados.

De esta suerte, nos encontramos la implacable persecución a la que se ve sometido VOX y sus candidatos. No pertenezco en absoluto a ese partido, por el simple hecho de que no creo en partidos políticos pues, como bien señalaba José Antonio, nadie nace en el seno de uno de ellos; tampoco me unen lazos de amistad, siquiera de conocimiento personal con sus dirigentes. Sin embargo, si creo que hay que defender la verdad y la libertad al precio que sea.

El trato que toda esta ralea de socialistas, comunistas, golpistas, separatistas, filo-terroristas, comunes, podemitas, anarquistas y perroflautas en general, le están deparando a VOX en esta campaña, me recuerda, salvando las distancias que son muchas, la implacable persecución a la que eran sometidos los primeros falangistas por parte de esta misma harka de indeseables que no admiten otra ideología que no sea la suya y encima, en este caso concreto, con la puesta de perfil de la más rancia derechona representada por el PP y Ciudadanos, rendidos, como no, a los dictados de la izquierda.

Para mí, nada de esto es nuevo ya que lo llevo sufriendo en mi propia carne desde hace muchos años a base de colgarme sambenitos y tratar de dañar mi imagen personal sin recato de tipo alguno, únicamente por no pensar como ellos ni bajar la cerviz, hasta el punto de causarme problemas en mi profesión.

Sin embargo, me cabe la satisfacción de poder decir, y los que me conocen pueden atestiguarlo, que jamás tuve en consideración la ideología o creencias políticas de las personas que me rodearon, hasta el punto de allá donde pude, no tuve inconveniente, antes bien todo lo contrario, en invitarlos a exponer libremente sus ideas y pareceres en foros en cuya organización tenía una responsabilidad directa, algo que jamás hicieron ellos conmigo, lo que demuestra su intolerancia en contraste con mi actitud, mucho más abierta y tolerante.

Por eso, es del todo punto intolerable que un partido, sea de la ideología que sea, se vea perseguido y acosado simplemente por no pensar al gusto de esa izquierda sectaria y talibán o no bajar la cabeza como vienen haciendo, desde hace años, los peperos y los de ciudadanos.

Aquí, esa macabra y malvada izquierda formada por socialistas, comunistas, podemitas, proetarras, golpistas y separatistas, se han permitido el lujo, durante años, crecidos por una inexistente superioridad moral que le otorgó o al menos toleró la derechona cobarde, de condenar y atentar contra todo aquello que no sea de su agrado.

Es algo que viene de muy viejo. No hay que olvidar aquellas consignas que daban a sus bases, al principio de la democracia, para desacreditar en la Universidad, en los centros docentes y de trabajo a aquellos que no se sometiesen a sus dictados. Todo eso, lo vivimos en carne propia.

No hace mucho, esta izquierda miserable, alzaba la voz y se rasgaba las vestiduras por lo sucedido en el Congreso de los Estados Unidos, una auténtica barbaridad contando, encima, con la total pasividad, cuando no compadreo, de las fuerzas del orden; sin embargo, parecen olvidarse de aquella “kaleborroca” de los cachorros etarras, hoy presentes en nuestro parlamento y que osan ladrar exigiendo que se investigue si en los Ejércitos sigue habiendo franquistas, cuando en realidad tras eso se oculta un afán de purga en toda regla, cuando sería mucho más propio investigar cuantos etarras militan en sus filas.

También, se han olvidado de los escraches -jarabe democrático les llamaba el del “moño sucio”-, protagonizados por podemitas, comunistas y perroflautas en general, al igual que les falla la memoria y se olvidan de cuando pretendieron asaltar las Cortes o el Parlamento de Cataluña con una voracidad que deja lo de los Estados Unidos como un vulgar juego de niños.

Todo aquello era una muestra, decían, de la libertad democrática, una libertad que termina cuando mandan ellos y de la que no puede gozar nadie que no se someta a sus viles y canallescos dictados. Sin embargo, el que no piensa como ellos, el que no se ajusta a esas barbaridades que ahora llaman “lo políticamente correcto” está condenado a la persecución y a la muerte civil, al menos de momento, pues a este paso ya veremos…

Parece mentira que el terror que nos han inoculado impida que veamos la realidad y que sigamos callados, asistiendo impasibles al desmoronamiento de España, al desplome de su economía, a la privación sistemática de las más elementales libertades y a que nos gobiernen un puñado de sectarios, talibanes, colgados y perroflautas, la mayoría sin formación alguna, que se lo están llevando crudo mientras una parte de los españoles se mueren de hambre.

Si algo de dignidad le que queda a los socialistas -cosa que dudo- y a los peperos, pues de sobra sé que el resto carecen de ella, espero que exijan que la campaña electoral catalana se desarrolle en un clima de libertad e igualdad de oportunidades para todos, piensen como piensen, ya que es el colmo que unos tipejos golpistas que preconizan la disgregación de España y otros que manifiestan sin recato que vienen a destruir el Estado, gocen de todo tipo de libertades para publicitar su mensaje y aquellos que defienden la unidad de nuestra Patria y el orden establecido sean perseguidos a muerte.

El colmo.

José Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )