La plataforma Sumar, una mamarrachada más de la inspiradora de la memez «matria», se hunde al poco del aquelarre de su presentación pública. Oltra, Colau imputadas y la pistolera de Mónica García con Más Madrid investigada.

Muchas pájaras había en una sola jaula. Se acaba el alpiste para los manipuladores de la izquierda, como demuestran los resultados de las elecciones andaluzas: el principio del fin del sanchismo, incluida la llamada «Lady Paro».

Yolanda Díaz, la denominada tucán del desempleo, la mujer a una hoz y un martillo pegada, que seguramente diría Quevedo cayéndole como una patada en los reaños, la maquilladora de datos con ínfulas estalinistas, la vanidosa de la inutilidad que cacarea cada vez que abre el pico, me recuerda a un loro con el que me encariñé porque, a diferencia de la  comunista, su discurso era inteligente, propio, con la grandilocuencia que, por agravio comparativo, aquel ave sustanciaba respecto al discurso estrafalario, lego, monótono y mendaz de este siniestro esperpento que «Antonio» colocó para cumplir las cuotas de reparto; las que el bolivarismo exigió en pago a las prebendas que llevó consigo la tirana Delcy a Barajas.

Seguramente aquel loro era más útil enjaulado que la vanidosa ministra extendiendo alas, sin plumas para volar a tenor de su inexistente profesionalidad, sin méritos tampoco, que cuestiona la experiencia y el valor del Gobernador del Banco de España, quien ha mostrado disconformidad con las patochadas de la vicepresidente segunda, enfrascada en disimular su ineficacia trampeando los datos del desempleo.

Realmente asquea que aquel loro enjaulado fuese más sabio cuando la otra se pavonea, ignorante de su ridícula estampa, a expensas de la ruina de los trabajadores.
Repugna que la ministra de cuota rebase la legalidad regalando otros 21 millones de euros a los sindicalistas, no solo para mantenerlos callados sino también por practicar el acostumbrado latrocinio, presuntamente legal hasta que un Tribunal de cuentas, sin pútrida influencia sanchista, demuestre la prevaricación en el ejercicio del poder que, de carambola, debería llevar a la cárcel a no pocos ministros.
La rastrera ya avisó que, de gobernar la derecha, las calles iban a temblar. Del terremoto sanchista se cierra el pico, bien provistos de alpiste los majaderos de la siniestra.
Aquel loro llamado Kimi no era pedante y disoluto como la otra que, ausente la clase personal, se codea sin elegancia con la flor y nata de los líderes económicos que la tratan a regañadientes, sabiendo la ideología radical que esconde entre los pliegues de ridículos vestidos de payasa, por donde asoman los billetes del reparto arbitrario…
A saber si con la sospecha del delito fiscal por el que están imputados Zapatero y la impresentable Delgado, asombrosamente todavía al servicio del trepa de saunas prostituyendo la Fiscalía. Vaya tropa de esperpentos.
Hiede la que, por echarse flores sacó los colores del desgobierno criminal acerca del genocidio iniciado el 8 de marzo, quiere aparentar moderación siendo una taimada hipócrita que saca a relucir demagógicamente tiempos pasados para desviar la atención sobre la nefasta gestión del SEPE y los verdaderos y críticos números del desempleo.
Además, se gasta nauseabundas infulas de prepotencia como un ser miserable que engaña, corrompe y falsea; la muy indignada inútil que saca a relucir a Franco como consigna para ocultar que es una holgazana al servicio de la mentira en un desgobierno criminal.
Aquel loro Kimi era prodigioso imitando sonidos, mejor que el loro del Ministerio de Trabajo imitando la dignidad profesional de la que carece con tan ensoberbecida mediocridad que dan ganas de meterla en una jaula. Kimi además era humilde y gracioso, la otra petulante y retorcida.
Bien estaría hacerle esa jaula a la medida de la arbitrariedad sectaria con que reparte los fondos públicos a los expertos de las gambas y de no dar palo al agua. Una celda perfecta para que un buitre de la democracia, corrompida por el ocupa de La Moncloa,  pliegue las alas junto a las otras imputadas.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )