LA JUEZ INDOLENTE

Prefiero pensar en la indolencia que en la militancia que lleva a la prevaricación. Un juez militante o partidista, más arrimado a su ideología que a las leyes, termina siempre desmenuzándose a sí mismo, como si fuera un plato de changurro, que no es otra cosa que un centollo desmenuzado.La juez Núñez Bolaños ha pedido la baja por problemas personales y de salud. Lo segundo lo lamento.

Lo primero resulta obvio. Tiene y tendrá muchos problemas personales y profesionales en el futuro, y prefiero pensar que como consecuencia de su apatía, de su falta de interés por el escándalo de corrupción de los ERE de Andalucía, por aburrimiento.

Porque si los motivos de los recursos de la Fiscalía y las anulaciones de la Audiencia a sus intrépidas decisiones se hubieran producido por otros motivos que la elemental vagancia, la juez Núñez Bolaños tendría que dar muchas explicaciones.

Se ha convertido en la gran archivadora de la corrupción socialista en Andalucía, y si tanto archivo precipitado y tanta holgazanería en pos de la prescripción delictiva demuestran su parcialidad, es probable que termine como encargada de fotocopias en el despacho de Baltasar Garzón.

El inconmensurable, preciso, agotador y brillante trabajo de la juez Alaya, se ha desvanecido en manos de su sucesora, la juez Núñez Bolaños, que por otra parte es la juez y no la jueza, porque la nuez no es la nueza, la vez no es la veza, la altivez no es la altiveza, y la hez no es la heza.

Quiero pensar que la juez Núñez Bolaños no ha cometido otra irregularidad que la de dejarse llevar por la despreocupación y la molicie, porque otro desenlace sería motivo de hondas preocupaciones, empezando por las suyas propias y terminando en el recelo y la sospecha de los ciudadanos respecto a su proceder profesional. No se entiende su obsesión por retrasar sus actuaciones y alcanzar el límite procesal que abre la puerta a la prescripción de gravísimos delitos.

Tiene que ser eso, el escaqueo, el cansancio o el hastío, pero la buena mujer se está luciendo de lo lindo. Se decía de un catedrático de Penal del primer tramo del siglo XX. Iniciaba sus clases a las 9, pero era de sueño matutino profundo, y no llegaba a la Facultad hasta las 9.30.

A las 10 en punto, sonaba el timbre que anunciaba el final de la clase, y el señor catedrático, pomposo y rimbombante, se dirigía de esta manera a sus alumnos: «Señoras, señores: Ya que no hemos sido puntuales a la entrada, seámoslo, al menos, a la salida».

Es lógico. El caso de los ERE es farragoso, entrecruzado, oscuro, engañoso , áspero y fundamentalmente, consecuente con la corrupción continuada del poder político. Pero todo se lo dejó hecho la juez Alaya, que vencía a la vagancia y el aburrimiento. La juez Núñez Bolaños, cuando se hizo cargo del caso, tranquilizó en demasía a muchos de los procesados, todos ellos socialistas, comunistas y sindicalistas.

De no ser por la juez Alaya, hubieran terminado por llevarse el Giraldillo que corona a La Giralda, y las puertas de caoba del palacio del duque de Montpensier, hoy sede del Gobierno de Andalucía. De no ser por el concienzudo y luminoso trabajo de la juez Alaya, podría haber desaparecido en una noche el Archivo de Indias con dirección a Sothebys. La juez Núñez Bolaños, y lo escribo con más cercanía al elogio que a la crítica negativa, no es una gran trabajadora.

La indolencia en los quehaceres públicos es muy peligrosa, y ahí tenemos el ejemplo de Rajoy que se dejó llevar y le encomendó todo el trabajo a la señora Soraya, gran trabajadora, como lo demuestra su capacidad de cargarse al primer partido político nacional en unos pocos meses.

A la juez Alaya le desbancó la política, y a la juez Núñez Bolaños la política le puso el sillón y la mesa. Los papeles, al armario. Pero la Fiscalía y la Audiencia han reaccionado, y ella se ha dado de baja por problemas personales y de salud. O un mucho militante o un bastante holgazana. Y me consuelo eligiendo la segunda opción.

Alfonso Ussía ( La Razón )