LA LEY DE LA MEMORIA HISTÓRICA QUE LE GUSTARÍA PROMULGAR AL PSOE ACTUAL

Desde que a principios del presente siglo la dirección del partido socialista optó por revocar el gran pacto de generosidad de la transición, intenta colarnos una ficción ucrónica. Pero no sabe cómo hacerlo: anda dando vueltas como si estuviera en el laberinto de Teseo y no acaba de decidirse a dar el paso que tanto le pondría.

La llegada de Pedro Sánchez a la presidencia del gobierno por la puerta de atrás sin ningún tipo de programa de gobierno salvo echar a Rajoy, ha situado al partido socialista actual ante la complicada nadería de tener que comunicar lo que no va a hacer porque no puede.

¿Qué hacer entonces para distraer al personal y que no se dé cuenta de que su exigua minoría parlamentaria solo les ha permitido emplear a los del partido para que puedan cobrar e ir tirando mientras dure el momio del actual gobierno? Muy fácil: volver la vista casi 80 años atrás, agitar con fuerza el fantasma del franquismo, y presentarse como salvadores ante tamaña amenaza. Todo ello, eso sí, olvidando lo que escribió Antonio Machado de que “al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.

Y llevan así desde que han tomado posesión entreteniendo a la ciudadanía con dos temas recurrentes: desenterrar los restos cadavéricos de Franco para trasladarlos a otro lugar y elaborar otra Ley de Memoria Histórica que resuelva definitivamente las cosas.

En lo del traslado de los restos de Franco parece que se están topando con dificultades que no esperaban. Y lo que parecía inminente se deja ahora, entrados en agosto, para después de las vacaciones. Así lo ha confirmado Pedro Sánchez en la rueda de prensa de ayer en la que ha dicho textualmente “Si hemos esperado 40 años, no pasa nada por esperar unas semanas más, unos días”.

Así que pospuesto el tema más urgente y estrella de su no-programa de gobierno solo les queda la Ley de Memoria Histórica. Y en esto, por si alguno de ustedes creen que soy excesivamente crítico con Sánchez y su gobierno, voy a hacerles una propuesta para que de una vez por todas alcancen sin rubor lo que llevan persiguiendo desde que abandonaron el compromiso del olvido que asumieron en la transición.

Par llevar a cabo mi propuesta tienen que utilizar dos instrumentos imprescindibles: uno, antiguo; y el otro, muy actual. El primero es darse una sobredosis de la consabida superioridad moral de la izquierda para convencerse de que todos los buenos estaban en el bando republicano y los malos en el franquismo. En esto tienen el terreno bastante trillado, porque no ha dejado de coadyuvar a propagar esta tesis una gran parte de las novelas y de las películas sobre nuestra Guerra Civil.

El nuevo instrumento es hacer un uso descarado de la posverdad, y colar una fake-new, que sería afirmar de una vez por todas que quienes ganaron de verdad la guerra fueron los republicanos y que durante todos estos años los malvados franquistas se hicieron pasar indebidamente por vencedores.

La propuesta no es difícil de llevar a cabo. Consiste en resumir la novela de Jesús Torbado “En el día de hoy”, premio planeta de 1976, en la que se narra la ucronía de que fueron los republicanos quienes ganaron la guerra civil,  y convertirla, seguidamente, en Ley de la Memoria histórica, cuyo primer artículo sería: quedan modificados los textos de nuestra historia moderna pasando a tenerse por absolutamente ciertos e indiscutibles los narrados por el señor Torbado en su obra de ficción “En el día de hoy”.

Si acogieran mi propuesta, creo que por fin se tranquilizarían, anidaría la ansiada paz de espíritu en su corazones y dejarían de remover el pasado: habrían ganado la guerra los que la tenían que ganar, los buenos, y la habrían perdido los que lo merecían, los malos. Tal vez entonces, recuperarían la senda perdida de la generosidad de la transición, dejarían que descasaran en paz los restos de Franco, y se inventarían un enemigo exterior que incluso podría llegar a unir a todos los españoles.

José Manuel Otero Lastres ( ABC )