LA LEY DE LAS BORRACHAS SOLTERONAS

Cuando follar no sea pecado, sino devenga milagro, mientras de fondo suene melancólicamente Mi gran noche del mítico Raphael (“¿qué pasará?, ¿qué misterios habrá?”), expectativas y misteriosas místicas eróticas finiquitadas, el Leviatán hipercapitalista, con su paradigmático sí es sí, se transformará definitivamente en el infierno de lo igual, un clorótico universo del cansancio y el tedio compuesta por sujetos aislados, muertos en vida, recurriendo en postrera instancia al tristísimo porno y a la masturbación.

Al trullo

Fenecida la fausta alacridad del ligoteo y el cortejo, ignorando en todo momento si un Fóllame, cabronazo es un explícito sí, mientras ellas regresen a casa solas y borrachas, nosotros, también solos, briosos y salerosos, retozaremos con el cinco contra uno. Pastueña resignación, evitar líos, trena y problemas. Si hasta ahora la cosa del folleteo con hembra placentera, en época tan neopuritana, se hallaba harto complicada, en cuanto se apruebe la nueva ley del sólo sí es sí, ¿con la puntita primero?, todo inevitablemente marchará a peor.

Crimental, Orwell

Irene por montera, consorte florero y sueño húmedo de los caricaturistas, con su tiránica y liberticida ley, tomando por montera la mismísima realidad biológica. Eso sí, siempre a la inquietante espera de que, junto a la zarina de Galapagar, los psicópatas monclovitas y el femimierdismo dirigente, no acaben pergeñando un nuevo delirio leguleyo que posibilite que tocar la zambomba sea castigado por pensar y desear ilícitamente en el pibón de turno. La pensada y deseada jamás dio su consentimiento mental. Al talego.

No toquéis más los huevos

Cuando ellas, siquiera, ambicionen coyunda carnal, salerosos y galantes y elegantes piropos, se pirren desazonadas por bruñir glande, uso inmoderado del escroto, será razonable recordarles que, justa reciprocidad, solo ante notario. Y por escrito. Surgen, súbitamente, interrogantes. Y si ella de repente quiere hacer un trío con el leal escribano, ¿tendría que acudir otro notario? Entre Hamlet y Barrio Sésamo.

Gustosos tálamos

Solo se desea ya, modestamente, que el improbable fornicio no tenga repercusiones penales mucho más atroces en los anales de esta historia de histeria de España. Y, sobre todo, tendremos que aclarar, porculeros, a las que fueron antaño nuestras queridas y amadas compañeras de arduo viaje y sabrosos lechos que, al fin y a la postre, nos importa un cojón de pato nuestra civilización y nuestra especie. Incluso ellas mismas. En fin.

Luys Coleto ( El Correo de Madrid )

viñeta de Linda Galmor