LA LIBERTAD

Al final, solo queda lo que quisiste y lo que te quisieron, y tal vez un cierto aroma de gloria, si es que en el discurrir de la vida tan impostora circunstancia se acercó a ti. Permanecen, por tanto, los hijos, la huella verdadera que dejamos tras nuestros padres.

El resto de los patrimonios va desapareciendo en los remolinos que la génesis del tiempo construye. Las borrosas líneas de la realidad y la ficción terminan por confluir en algún lugar lejano y aquellos que creíamos militar en las viejas cofradías periodísticas, sustentadas en el incómodo valor de la independencia, vemos cómo la vida se nos escapa.

Sólo nos percatamos de ella, de su trascendencia, cuando la muerte sale al paso. Cuando llega y vuelves la vista atrás, te quedas con ese balance del afecto, quizá también de la libertad: la de escribir lo que uno quería. Se nos fue David Gistau.

Pertenecía a esa estirpe insobornable del periodismo independiente. Recuerdo que, cuando decidió ejercer su libérrima voluntad de volver a su antiguo periódico, me dijo: «He hecho lo que he podido, a mi manera, y he sido libre al escribir». Poco más puede decir un director ante un columnista. Paz para su alma.

El Astrolabio ( ABC )