Aunque hoy de lo que quiero hablarle es de su libertad. De la libertad con la que ha sublevado a los taberneros a al lucero del alba y ha barrido el 4-M (Comunismo o libertad).

Porque ¿existe de verdad –me pregunto- Libertad en una ciudad (y un Estado, por supuesto) donde solo pueda hablarse, mencionarse, identificarse con lo que aprueba la Izquierda comunista (encima perdedora)?

 ¿Existe Libertad en una ciudad (y en un Estado) donde no se pueda decir, por ejemplo, ¡Viva Franco! en público o “Yo soy franquista” sin que te crucifique la Izquierda dominante, eso sí, con el silencio de la Derecha de los cobardes?

¿Existe Libertad donde usted la Presidenta arrolladora, no podría decir ¡Viva Franco! (aunque para sus adentros fuese mentira) por temor a los que de verdad mandan en España?

¿Y de qué me sirve a mi, y a usted, por supuesto, la Libertad si solo puedo decir lo que “ellos” quieran que se diga?

¿O se atreve usted, la Presidenta arrolladora a criticar en público o retirarle las subvenciones a los colectivos feministas y a los de LGTBI? (y que no me digan, ni usted tampoco, que en Alemania está prohibido hablar de Hitler, porque es cierto, pero también lo es que está prohibido el comunismo y aquí es protagonista diario)

No, doña Isabel, la Libertad, ciertamente, es el mayor tesoro que Dios dio al hombre (y a la mujer, por supuesto, que nos echan a los lobos las feministas de Irenita) y es lógico que usted haya arrasado el 4-M con esa bandera “Comunismo o Libertad, pero, permítame que le diga lo que pienso: que no habrá verdadera Libertad mientras un ciudadano no pueda hablar bien de Franco, si quiere o de quien le dé la gana y mal, por ejemplo,  de lo LGTV.

Asique le recuerdo lo del Dante en la “Divina Comedia”:

“Los lugares más oscuros del Infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral”.

Julio Merino ( El Correo de España )