LA LIBERTAD NO DEBE DAR MIEDO

Hoy voy a hacer un alto en el camino de la penosa actualidad que se eterniza en el juego de cifras de muertos y contagiados como si  las televisiones estuviesen transmitiendo un inacabado y macabro  sorteo en el que es un premio que solo haya tres  o cuatro centenas de muertos cada día.

 Les quiero contar que necesitamos volver a caminar , en un sentido simbólico y también real, porque no podemos vivir al ritmo que nos marquen con un reglamento en la mano, un silbato en la boca y un boletín de denuncia  en el bolsillo.

Al menos nuestras mentes deben seguir ejercitándose en libertad y tenemos que luchar contra la  rutina de la tristeza  que nos transmiten cada día  los portavoces que han secuestrado nuestra esperanza.

Advierto que no les echo la culpa a ellos de ser la cara triste de esta  sociedad  enclaustrada porque posiblemente cualquier otro gobierno que estuviese administrando en estos meses esta atapa de excepcionalidad, también carecería de méritos para ser nominados al Oscar a la mejor interpretación de esta macabra película.

Pero me rebelo contra la indolencia y el conformismo de una sociedad que está siendo domesticada y que acepta ser obediente sin derecho a réplica por decreto ley.

Yo no propongo en modo alguno ningún tipo de desobediencia civil porque sería inútil  ya que nuestro único enemigo es la pandemia y carecemos de armas contra él,  pero al menos predico una suerte de rebelión mental contra el inevitable confinamiento, que está provocando un doble efecto de cobardía y sumisión.

Nuestra sociedad debe salir fortalecida de esta dura etapa y para eso es necesario no bajar la guardia y estar entrenados en la defensa de nuestros derechos civiles.

Por eso creo que  sería nefasto  para todos   que aceptásemos el silencio que proponen los que se han erigido en guardianes de la ortodoxia oficial. Cualquier experto psicólogo nos diría que es bueno sacar afuera nuestras emociones en forma de llantoo, de gritos o de blasfemias, sin que amnistiemos a ningún políticos del gobierno o de la oposición que veamos que lo hacen mal.

Hoy he salido a la calle, al igual que mucha gente, y he visto el brillo de la esperanza en algunos ojos de hombres y mujeres que caminaban con pasos largos como si estuvieran cometiendo un delito por ejercer  el derecho a salir de sus casas.

Aunque todos callaban he querido imaginar en el silencio de una mañana sin prisas el sonido de sus voces y  he soñado que decían: de ésta vamos a salir más unidos, más fuertes, más exigentes y más convencidos de que nosotros somos el pueblo soberano y los políticos, nuestros empleados, a los que habrá que empezar por rebajarles el sueldo… pero éste es un asunto sobre el que escribiré  cualquier mañana de éstas.

Diego Armario