LA LLAMADA DE LA TRIBU

No creo que la tribu catalana esté en riesgo de desaparecer. Pero no es fácil resistirse a la llamada de la tribu: al fin y al cabo son los tuyos pidiéndote ayuda, a lo que se suma una especie de creencia colectiva de que el enemigo está a las puertas de la ciudad y un bombardeo incesante de los medios de tu tribu. Hay que ser o bien muy fuerte, psicológica y emocionalmente hablando, o bien pertenecer en partes iguales a las dos tribus culturales que hay en Cataluña —como es mi caso—, para intentar no sucumbir a ella.

En el contexto actual, la mayoría de los catalanes ha hecho de su pertenencia a la tribu su principal argumento político. Y digo la mayoría porque si durante años fueron los partidos independentistas los que abusaron de manera descarada de la llamada de la tribu, en estos últimos meses fue Ciutadans el que se dio cuenta de que invocar la pertenencia a la otra gran tribu cultural que hay en Cataluña era muy rentable.

Es cierto que Ciutadans fue más sutil que los independentistas, ya que supo revestir la llamada de la tribu de las virtudes del constitucionalismo contemporáneo. Pero hay que ser realmente optimista para pensar que la mayor parte de los votantes de Ciutadans se han convertido al constitucionalismo de Jürgen Habermas. Muchos catalanes pertenecientes a la tribu española, pero para los cuales eso nunca había sido determinante a la hora de manifestarse políticamente, han pasado a ser, antes que nada, españoles, y no sólo en términos culturales, sino políticos.

La estrategia política de la llamada de la tribu no anuncia nada bueno en ningún contexto, pero anuncia algo particularmente malo en un lugar, como Cataluña, donde hay dos grandes tribus de proporciones casi iguales. Ante este regalo envenado del azar, insistir en ese orgullo político en ser desacomplejadamente español o catalán nos encamina, lenta pero inexorablemente, hacia el lado tétrico de la historia.

Pau Luque Sanchez ( El País )