Después del pandemónium, ese lugar del ruido infernal y confusión política, especie de fango donde se revuelcan los cerdos con grandes gruñidos, viene el silencio atronador, que también forma parte de la música. Napoleón decía que la música era el ruido menos molesto.

Pudo decir que el silencio era el ruido más soportable. Los ruidos perceptibles no sirven más que para confundir, desorientar y anular la personalidad. El silencio es la voz de Dios, en cuyo espacio se puede habitar en respetable y digno estado con el Señor, sin molestar a nadie ni ser molestado por el ruido del mundo. Así se puede coexistir a bien con Dios y con el prójimo.

No estando éste muy cerca. El silencio matrimonia muy bien con la soledad. De ésta -cuando es en demasía- mueren miles de almas todos los días. Agonizaban con la pandemia en el lazareto de la más absoluta soledad que estremece hasta pensarlo. El virus de la pandemia salió del país más comunista del mundo, pero eso es aceptado con toda normalidad, sin mencionar el origen. No se sabe más, como le es propio al sistema más oculto y hermético donde la verdad no existe.

Menos mal que no salió de los Estados Unidos, donde también está entrando solapadamente el comunismo. Nacemos igual que morimos en soledad aun estando rodeados de gente. La gente no hace más que estorbar la mayoría de las veces.

La masa y las masas no traen nada bueno, sino todas las revoluciones marxistas y males del mundo. Es la inmunidad del rebaño que pretenden los que manejan esta poderosísima arma biológica y química, que es el virus letal. Cualquier individuo tomado individualmente no parece malo, pero la masa lo corrompe, pervierte y transforma en criminal. ¡Ojo con las compañías!

Después del silencio de estos días en los que no hubo ganas de hacer nada, casi derribados por la apatía, surge la lucha por la vida que está ahí, omnipresente, y al percibir que sólo quedan dos cosas: seguir con ella o morir; cosa esta segunda que no necesita más que proponérselo.

Un pesimista no es más que un optimista informado, consciente de la realidad y del avance del mal. Se suicidaron muchos estos días que no salen en una TV. manipulada; y menos saber las causas que tanto interés hay en ocultarlas. El porvenir no debe estar muy claro, con el predominio del mal. Con decir que en España está entrando el comunismo ya le sobra para entender cuanto pasa.

Si un sujeto no es consciente de esas cosas, pues apaga y vamos. Vive al margen de la realidad arguyendo que así no tiene problemas. Y si los tienen los demás, eso no le importa. Esa cómoda y egoísta situación es la más incorrecta e inmoral. Esa comodidad, en la que cae la mayoría, es la que venden los ocultos poderes y se matan por comprarla miles de parroquianos insolentes.

Esa doctrina conduce al mal. Si pierdes el sentido de la realidad, te verás pronto comido por ella. Quienes abandonan la lucha por la vida pronto son devorados por la muerte. Lo que tratan los impostores de la nueva filosofía es que pierdas ese sentido, y detrás los otros, como borrar el pasado para no poderlo comparar con el presente, y que la sociedad aborregada viva muerta, dormida, solo despierta  para el mal. Para su propia autodestrucción.

La lucha por la vida que es una trilogía escrita por Pío Baroja, que es para quitarse el sombrero, autor de la Generación del 98, y maestro de Camilo José Cela. La trilogía de don Pío la forman las novelas, La Busca, Mala hierba, y Aurora roja. Nos remite al lema de Darwin en su obra, El origen del las especies. El argumento queda sometido a la acción y sus consecuencias, con un estilo descarnado, tremendista, crudo, realista.

El tremendismo que es una corriente literaria y artística, sirve para definir la actualidad política y social; para entenderla un poco y tomar conciencia de la autenticidad del fenómeno. No se puede perder la perspectiva espacio-temporal, de la propia ubicación, para entender dónde estamos y adónde hemos llegado, sin olvidar de dónde venimos.

Tenemos un gobierno de coalición formado por comunistas y los peores socialistas. Con estos mimbres, ¿qué cesto se puede construir? Toda la vida luchando para que ese mal no entrara aquí, y aquí está haciendo de las suyas, tras todas las que lleva hechas. ¿Vale con cruzarse de brazos para lamentarse después, toda la vida? No.

La lucha ha de ser sin cuartel, sin tregua ni descanso. Pues no es más que la lucha por la vida, porque la realidad existente nos lleva a la muerte.

Fígaro ( El Correo de España )