LA LUNA Y LA MONCLOA

El doctor Sánchez pretende ahora convencernos de que el Estado le cabe dentro de la cabeza, como a Manuel Fraga. El hombre que no tuvo cabeza ni siquiera para escribir una tesis de baratillo ahora resulta que la tiene para albergar huésped de tan grueso volumen.

Así se desprende de esa batería de invectivas que ha lanzado contra Pablo Iglesias, a quien no quiere hacer ministro porque, según él, existen «discrepancias abismales» entre ellos sobre las «cuestiones esenciales de Estado».

Resulta, en verdad, delirante que un impostor como el doctor Sánchez pretenda presentarse como un estadista de tronío. Pero, si consiguió que un tribunal universitario se tragase una tesis de baratillo con la ayuda sola de un negro, ¿por qué no va a conseguir ahora que las masas cretinizadas se traguen que es un estadista de tronío, con la ayuda de todos los poderes sistémicos?

El doctor Sánchez no puede tener el Estado en la cabeza por la sencilla razón de que, cuanto más hueca es una cabeza, menos cosas caben en ella; pero tiene una concupiscencia de Estado que se le sale por los ojos, la nariz y las orejas.

El doctor Sánchez quiere zamparse el Estado él solito, con la venia de los poderes sistémicos, pero la aritmética parlamentaria se lo impide. Y, para salvar el escollo de la aritmética, necesita vampirizar los votos de Podemos, que Iglesias -como es natural- no quiere regalarle.

Así que, siguiendo los consejitos de su gurú electoral, el doctor Sánchez ha lanzado una campaña de desprestigio de Iglesias, resucitando incluso aquellas burdas consignas, más viejas que Carracuca, con las que los tertulianeses asustaban a las viejecitas, anunciándoles que el mozo de la coleta venía a cepillarse a la opípara señora Democracia y a su hijito rebolludo, don Estado de Derecho.

El doctor Sánchez asegura campanudo que Iglesias no está dispuesto a «defender la democracia española» ni las «cuestiones esenciales del Estado». Pero este impostor alcanzó el poder en una moción de censura gracias al apoyo de Iglesias, a quien de inmediato proclamó públicamente «socio preferente».

Este impostor gobernó durante casi un año gracias al respaldo de Iglesias, firmó con él un acuerdo presupuestario y, en vísperas electorales, declaró que no tendría inconveniente alguno en compartir tareas de gobierno con él.

Este impostor ha mantenido durante dos meses embarrancada la investidura para conseguir el apoyo de las menguadas huestes de Iglesias en ayuntamientos y autonomías. ¡Y este impostor pretende ahora presentar a Iglesias como un peligro para la democracia y para la integridad del Estado!

Increíblemente, las masas cretinizadas parecen dispuestas a tragarse tan burda añagaza; y ya las terminales sistémicas que ayer le ensalivaban el bálano a Iglesias piden ahora su castración, como si estuviera exigiendo al doctor Sánchez los cuernos de la Luna.

Hace cincuenta años, cuando el hombre llegó a la Luna, Pemán se quejaba en ABC del significado excesivamente hiperbólico con que se empleaba el verbo «llegar». «¿Llegar está correctamente empleado cuando se pone el pie en algún sitio y luego se marcha uno?», se preguntaba.

El doctor Sánchez llegó a La Moncloa como el hombre llegó a la Luna, para poner allí el pie y luego marcharse; pero los poderes sistémicos quieren que llegue para quedarse y saben perfectamente lo que tienen que hacer para conseguirlo.

Que, en resumidas cuentas, consiste en aniquilar a Iglesias, a quien tanto auparon cuando les convenía agitar el miedo, y en convocar cuantas elecciones haga falta, hasta que la aritmética cuadre. A fin de cuentas, las convocatorias de elecciones las pagan los mismos ilusos que le pagan a Sánchez los consejitos de su gurú electoral.

Juan Manuel de Prada ( ABC )

viñeta de Linda Galmor