Vivimos en medio de una inmensa tragedia sanitaria, económica, emocional y camino de una dictadura mundial personificada en el comunismo chino, con los fondos buitres detrás, alimentada por las grandes plataformas mundiales. A los magnates que están tras esta inmensa crisis les sobramos cuatro mil millones de planetarios, bajo la excusa que tenemos el planeta agonizando.

Esta es la cruda realidad. Pero, para que todo no sean lágrimas hoy toca echarle un poco de coña al panorama que nos es más próximo, a nuestra política, a la que me permito denominarla cuanto menos de vodevil.

Creo que este epíteto que le viene que ni pintado a nuestra política y a nuestros políticos, según lo que define la RAE: vodevil: 1. m. Comedia frívola, ligera y picante, de argumento basado en la intriga y el equívoco, que puede incluir números musicales y de variedades.

En el libreto tenemos de todo: un chuloputas, el amanuense segundón, el tonto de capirote, la castiza de Malasaña, la señoritinga que por sentirse acosada se echa en brazos del chuloputas, cargándose la función. Y de fondo musical, dos piezas señeras: La Alegría de la Huerta del maestro Federico Chueca y La Gran Vía, también de Chueca y Valverde, con números tan inmortales como «La jota de los ratas», «El tango de la Menegilda» o «La mazurca de los marineritos».

Lo de hace dos días protagonizado por Ciudadanos y el Partido Popular ha sido de traca. Bien podría ser, salvando las distancias, como lo inmortalizado por el genial dramaturgo Miguel Mihura en «Ninette y un señor de Murcia» En este caso el tema va de cuernos políticos entre dos señoras con ambiciones de llegar a la presidencia de la Comunidad Murciana. Y, como no, con la inestimable concurrencia del PSOE, el judas ejecutor que pide a cambio arrebañar el ayuntamiento de la capital y algún otro de la región y desbancar al PP de todo poder regional.

Estas cosas pasan por haber llenado esos adefesios administrativos llamados autonomías de paletos y catetos locales, los más desocupados, desarrapados, sinvergüenzas y trabucaires, que arman las que arman. Pero, no se crean estos mindundis que ellos son los actores de este vodevil ya que su jefa, con nocturnidad y alevosía ya llevaba meses en andanzas con el psicópata mayor del reino y ha resultado ser la urdidora de esta opera bufa.

El perjudicado por esta operación, otro que tal baila, no se queda quieto y compra las voluntades de aquellos que le iban a empurar y ponerlo en la puñetera calle. Miren por donde, la alguacila Inés ha resultado alguacilada y su partido reducido a escombros.

Como no hay una sin dos, ni dos sin tres, la avispada regidora madrileña, que ya había visto las ganas de su segundo de darle la vuelta al colchón en que se han venido acostando, del que noche sí y noche también se iba de farra a los aquelarres de palacio, el de La Moncloa, se adelantó a la Arrimada y al socialista y el invento, como dijo Vargas Llosa, se jodió. Como cuando Perú.

A nuestros políticos, salvo alguna excepción de última hora, solo les importa el corre-ve-y-dile, la intriga, las mentiras, el afaneo y perpetuarse en el machito. Pero, en esta ocasión al chulo de La Moncloa y a la señora que aspiraba a ser la veleta que luciese en lo más alto en este palacio del monipodio, la jugada les salió mal. O sea, el tiro por la culata. Por no decir por otro sitio fonéticamente muy parecido.

José Enrique Villarino Valdivieso ( El Correo de Madrid )