El Dúo Sacapuntas del que los españoles guardamos agradable memoria por su gracia limpia -nunca en sus veintitrés años de existencia necesitaron ofender ni ridiculizar a nadie para hacernos reír-, estuvo formado por El Pulga y El Linterna. Desgraciadamente el dúo se disolvió por la muerte de Juan Rosa.

¿Por qué traigo a este blog al desaparecido dúo Sacapuntas? Pues porque esta mañana mientras desayunaba ante la tele, han salido con sus escasas gracias (habrá quien diga, a la mala baba; yo, por respeto no lo digo; pero lo pienso) este otro dúo, para anunciarnos a los españoles su «nuevo programa» que ha abierto una nueva oficina «compra votos».

El bajito del dúo malo -de momento con más suerte que el bajito del dúo bueno, está vivo- aprovechando que en este país, cada día menos parecido a España, por propio empeño ayudando a Sánchez, proliferan los pobres, los sin papeles y los sin techo, que por «obvias razones» no están empadronados, motivo por el que no podían acceder a las ayudas gubernamentales ya, ese motivo excluyente y fascista, queda borrado y así toda persona que simplemente demuestre que está fijo en el país, además de cobrar la limosna (corresponde al 5% del «meritorio» sueldo del ilustrado hacendado galapagueño) adquiere el derecho de, agradecidos, votarles a ellos para que el «uno» pueda seguir haciendo pis en el «roca» de la Moncloa, y el «dos», lo siga haciendo en el retrete -es un proletario de pelo en pecho-, de su modesta morada, que él humildemente disfruta junto a su compañera, hijos y perros al amparo de unos cuantos esforzados -no me digan que no- números de la Guardia Civil, cedidos por el ministro que la actual Fiscal General del Estado, tildó de Mari… ¡uy; casi se me escapa!.

Pero no queda ahí la mala gracia que supura su nuevo show, que afectará de igual manera en la totalidad del territorio nacional. Su filosofía la sufrirán en directo -otros muchos en diferido- muchos miles de españoles que, en vez de hacerles «de reír» (que dicen los gilipollas del idioma políticamente correcto) como harían «los Sacapuntas», les hará llorar saltándose sus derechos como ofertantes de alquileres de viviendas de su propiedad, disponiendo en beneficio de sus intereses políticos, una regulación de obligado cumplimiento, que merma sus ingresos, y no contempla una compensatoria bajada de los impuestos, de toda índole, que «atacan draconianamente» a los inmuebles.

Escuchar lo que sale de la boca del vicepresidente crea la sensación, a quienes tienen la desgracia de escuchar y ver, de que el tal individuo se piensa que los españoles somos una gran tribu atacada de idiotez a quienes, hablando bajito y con cara de bobo, cualquier cosa que se diga, por mucho que sea el anuncio de una decisión oprobiosa, dictatorial e inconstitucional, será recibida con aplausos, como si fuera el cumplimiento total de las Bienaventuranzas:

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.

Pedro y Pablo, ¡Ojo con los españoles!