LA MALDAD Y LA ESTULTICIA

No es difícil encontrar, igual en la vida normal que en la historia, casos notables de terrible maldad y estulticia profunda en una misma persona. La inteligencia de los malvados está sobrevalorada por el cine. Vean si no a ese infeliz de Poncio Pilato, no solamente capaz de enviar a la Cruz al más inocente de todos, a Dios hecho hombre, sino también de preguntarle, imaginamos que con cara de bobo: ¿Y qué es la verdad? Sólo un necio puede preguntar qué es la verdad teniéndola delante.

La Pascua de Resurrección que hoy celebramos, y que da sentido a nuestra Fe, no debe ocultar ese drama que vive Occidente precisamente desde que decidió dar la espalda de manera colectiva y masiva al Evangelio. Sacar a Dios de la vida pública ha tenido, sobre todo, una consecuencia nefasta y mortal.
Una consecuencia que nos ha desarmado moralmente, haciéndonos pasto de enanos mentales, demagagos y mercachifles. Sacar a Dios de la vida pública ha permitido que otros pilatos, que hoy gobiernan el mundo, se sigan preguntando impunemente, desvergonzadamente, criminalmente: «¿Y qué decís que eso de la Verdad?»
El relativismo moral no es sólo una ideología. Es un virus tan destructivo o más que el que ha originado esta pandemia. Es, podemos decirlo así, uno de los hijos más queridos del Diablo. Y el relativismo, en el que asientan sus raíces todos los partidos políticos que después los ciudadanos apoyan con sus votos en las urnas, tiene su fundamento en el rechazo a la Verdad revelada, en el deseo de destruir la Fe Católica para que los hombres dejen de adorar a Dios y se arrodillen ante las distintas formas en que Satanás se hace presente en el mundo: el dinero, el poder, etc. Ese relativismo está escondido en todos los programas electorales, en unos con más claridad que en otros, porque no todos quieren parecerse claramente a Pilatos.
Lávense las manos, sí, para matar al bichito de la pandemia. Pero si después, en su día a día, se lavan las manos también allí donde se puede salvar de la cruz a un inocente, estarán perpetuando la cobardía moral y la maldad de aquel miserable que soltó a Barrabás y condenó a Nuestro Señor. Lávense las manos, y harán que aquel empleado de Lucifer siga teniendo hoy presencia activa en el mundo, dictando sentencias injustas, prevaricando, y dejando por fin que una turba de maleantes y desalmados asesine la esperanza del mundo.
Hoy es Domingo, Pascua de Resurrección. Un día para estar felices, porque Cristo ha resucitado. Como esperamos que resuciten también para la vida eterna todos los inocentes que han perdido la vida por culpa de este virus desconocido. Esperamos que Cristo, en su infinita misericordia y gracia, consuele a los enfermos y a sus familias, dé fuerzas a los médicos y enfermeros, ayude a las fuerzas de seguridad y a los militares, y haga que vuelva a brillar el sol sobre justos e injustos. Ojalá, Dios quiera que sea hoy precisamente, esta maravillosa Pascua de Resurrección, cuando la pandemia empiece a remitir en todo el planeta.
Y que seamos capaces de desterrar para siempre la maldad y la cobardía. Y que demos la espalda a los pilatos de turno, y confiemos ciegamente en el Único que nunca nos engaña ni nos falla. Que de una vez por todas, cuando pase esta desgracia colectiva, seamos valientes para rechazar a aquellos que, como Judas y como Pilatos, no son capaces de admitir que la Verdad existe, y que nuestra vida y nuestra felicidad dependen de que sepamos reconocerla.
Quizá después de este tiempo tenebroso podamos ver la luz, y ya no confiemos más en todos los que, de manera directa o indirecta, han contribuido a que el mundo sea un lugar inhóspito. Un lugar donde los bobos solemnes que nos mandan se preguntan todos los días: «¿Y qué es eso de la Verdad?»
Rafael Nieto ( El Correo de España )