LA MARMOTA SE LLAMA STALIN

Una decena de tanques con la enseña nazi cruza el camino de nieve y barro que sale de la vieja capital zarista, hoy llamada San Petersburgo. La escena no es de aquel fatídico verano de 1941, en el que Adolf Hitler lanzó la operación Barbarrojacontra la Unión Soviética. Sucedió hace unos días, y de nuevo acabó con una derrota de las fuerzas del Eje, pero esta vez a manos de los agentes de tráfico, que les dieron el alto.

Los tanques participaban esos días en una recreación de la batalla de Stalingrado. Pero nadie se había preocupado de hacer el papeleo pertinente. Ni de otro detalle todavía más importante: que en Rusia impera desde 2014 una ley que convierte en delito el hecho de mostrar en público cualquier símbolo nazi. Casi 2.000 procesos se iniciaron en 2016, y la multa puede llegar independientemente de la razón por la que se exhiban: el mes pasado un opositor fue sancionado por publicar una foto del desfile de la victoria de 1945 en Moscú, en el que se veían los símbolos nazis que los soldados rusos tiraron ceremonialmente al suelo.

Un dicho soviético recuerda que el futuro es brillante pero el pasado es impredecible. La policía rusa se presentó hace unas semanas en el cine Pionner, santuario hipster moscovita y última sala en plegarse a la prohibición de proyectar La muerte de Stalin, una comedia sobre la camarilla del líder soviético que al parecer “insulta símbolos históricos”

 Días después dos periodistas se dieron de puñetazos delante de la cámara durante una tertulia mientras discutían si la victoria contra los nazis era mérito de Stalin o del pueblo soviético. El portavoz de Putin, exégeta de lo grande y lo pequeño, ha dicho que esta trifulca da la razón a las autoridades que prohibieron el film.

Stalin, enterrado en las murallas del Kremlin, no asoma la patita por si es de nuevo el día de la marmota: un roedor esciuromorfo que la ha tomado con el siglo XX.

Xavier Colás ( El Mundo )