LA MASACRE DEL 2000

El relato veraz sobre la limpieza ideológica realizada por el nacionalismo no puede suprimirse por culpa de la pereza del paso del tiempo. La libertad perdida y la memoria de las víctimas se merecen el reconocimiento de la democracia del 78, y no el ninguneo al que se les somete simplemente porque su recuerdo es un estorbo.

En el País Vasco había tres maneras de andar por la calle: primero estaban los que se chivaban y señalaban los objetivos a eliminar, después los que vigilaban su propia espalda para que no les metieran un balazo en la nuca y por último aquellos que miraban para otro lado. Ahora, pasado el tiempo, parece que se trata de esto último y con

 el añadido del escarnio de ver a los asesinos convertidos en héroes gracias un relato mentiroso y cruel.

Después de la «tregua-trampa», los etarras asesinaron a 23 personas solo en 2000. Uno de los peores años del terrorismo de ETA. Una masacre en la que la limpieza ideológica se reanudó mientras el PNV de Ibarreche gobernaba con el apoyo del brazo político de los etarras, como si nada.

Tras el asesinato del militar Pedro Antonio Blanco en Madrid, la banda ETA mató al socialista Fernando Buesa y a su escolta, Jorge Díez Elorza, detonando a distancia la bomba colocada en una furgoneta. Los asesinos esperaron tranquilamente el paso de sus víctimas demostrando que salvo el policía que acompañaba a Buesa, no había nadie más vigilando la seguridad de quien era un referente, una autoridad política contra el nacionalismo vasco, el jefe de la oposición a la alianza del PNV y Batasuna.

Tras el asesinato, Ibarreche y los nacionalistas no quisieron ir junto a los socialistas y el PP en la manifestación de condena. Bien al contrario, convirtieron ese acto en un homenaje al lendakari porque se le estaba responsabilizando políticamente del crimen de Buesa.

Ahora, cuando se negocia con el PNV la disolución del Estado en el País Vasco, transfiriendo al Gobierno vasco la custodia de los etarras encarcelados, hay que recordar de dónde se viene antes de cometer semejante error. De la matanza etarra de 2000 nació el pacto antiterrorista que el PP y el PSOE firmaron para ilegalizar al entonces aliado del PNV, Batasuna, y poner las bases de la derrota de los pistoleros once años después.

Fernando Buesa era un político al que se echa en falta como a todos aquellos que perecieron a manos del terrorismo nacionalista de ETA. Los crímenes fueron aleatorios y selectivos, una limpieza en toda regla cuyas nueces han sido recogidas en el cesto convenientemente.

Hay que mantener viva la memoria, es lo que nos queda, aunque al hacerlo se incurra en un acto políticamente incorrecto.

Juan Pablo Colmenarejo ( ABC )