Lluís Companys es la mayor vergüenza de la historia de Cataluña. Quim Torra es más ridículo pero no tan vergonzoso. Companys fue un golpista y un asesino. Armó a la FAI, la banda de los más sanguinarios criminales que Cataluña ha dado al mundo.

Que fuera la Gestapo quien le detuviera no significa que no tuviera que ser puesto bajo arresto. Que un tribunal militar de dudosa imparcialidad le condenara a muerte no significa que no tuviera que ser juzgado por sus gravísimos crímenes. Y que fuera ejecutado tampoco significa que no fuera culpable ni que su presidencia no fuera cruel, sanguinaria y desastrosa.

Desde entonces los catalanes hemos hecho cosas muy raras. Algunas francamente estúpidas. Pero nos hemos guardado muy mucho de volver a elegir a un presidente de Esquerra Republicana. Un instinto de supervivencia, tal vez enterrado en el subconsciente, que hemos ido heredando de padres a hijos, aunque es verdad que hoy resulta francamente complicado distinguir, entre Esquerra y Convergència, niveles de catástrofe política e indigencia intelectual.

La Cataluña de hoy empezó a perderse cuando Mas quiso parecerse primero a Junqueras y luego a la CUP. Los independentistas dicen que el Gobierno tendría que disculparse por el fusilamiento de Companys y que su juicio tendría que ser declarado nulo. Este querer empatar partidos que se perdieron hace muchos años me ha parecido siempre una pérdida de tiempo.

Ya pasó lo que pasó, y la ideología de los vivos no va a cambiar el destino de los muertos. Pero por jugar ni que sea un instante a las tonterías de la izquierda, si Companys resucitara, lo primero que tendría que hacer es disculparse con los catalanes, y con el conjunto de los españoles, e inmediatamente después someterse a juicio por sus atrocidades.

Si no me equivoco, le tocaría el juez Marchena, y yo creo que de ésta, Manolo vuelve a beber gintónics. Si Companys resucitara tendría que pedirle perdón a la República, a los miles de catalanes que mandó asesinar, y por supuesto a la familia del general Goded, a quien Companys fusiló tras haberle juzgado del mismo modo sumarísimo que cuatro años más tarde le condenarían a él.

De instaurarse el absurdo perdón retroactivo, al expresidente le saldría de todos modos más a cuenta permanecer muerto, porque si regresara tendría que pasar la mitad de los años que le quedaran disculpándose y la otra mitad en la cárcel. Cataluña tiene esta pulsión suicida que se concreta en el «Visca Macià, mori Cambó», y eso que el general Macià no fue ni de largo el criminal que fue Lluís Companys.

Indica el deterioro moral del independentismo, y en el fondo de los catalanes, que en lugar de tratar de disimular que le hicimos presidente, le rendimos truculentos homenajes.

Salvador Sostres ( ABC )