LA MEMORIA BORRADA DE PABLO E IRENE

Deben de estar con lo del riego automático o con el desagüe de la piscina, porque tiempo para la «autocrítica profunda» y el aprendizaje de los «errores cometidos», como anunciaron desde Galapagar la noche del pasado domingo, se ve que no han tenido.

Pablo Iglesias e Irene Montero no están para otra cosa que la fontanería, de la cloaca para arriba. En su caso y en su casa, la autocrítica es como el borrado de una tarjeta telefónica. No se acuerdan de nada. Les preguntan en el Senado por el móvil de Dina Bousselham y se ponen a hablar de las cañerías.

Les incomoda el control parlamentario tanto como el reconocimiento de un error que no acaban de asimilar y que prefieren sepultar bajo una lección magistral de bricolaje. Están en su derecho. Si la oposición abusa del filibusterismo para alterar de forma sistemática el sentido y la literalidad de sus preguntas parlamentarias, los ministros interpelados tienen vía libre para responder lo que les venga en gana.

Así no hay manera, ni siquiera para abordar cuestiones tan esenciales para el Ministerio de Igualdad como el heteropatriarcado, las medidas superdrásticas, el mogollón de peña, la soledad mezclada con la borrachera, la vigilancia telefónica, el baile de asesoras o el sometimiento sexual, colección de micro o macromachismos que Montero despacha con el lema de su departamento: «No lo voy a decir porque no lo voy a decir, tía». Por si le preguntan en la ETB o en el Senado.

Si la Cámara Alta no sirve para que Irene Montero haga autocrítica sobre el episodio de la tarjeta de Dina Bousselham, la ministra tiene foros alternativos donde sentirse cómoda y liberada. Hay un programa de televisión cuyo presentador valora mucho la presencia de rojos y maricones -eso dice a gritos- y que incluso gasta ademanes autoritarios, muy del gusto de la pareja fontanera y telefónica.

Las «Matrimoniadas» de José Luis Moreno son cosa de la casta y de los tiempos anteriores a nuestra mayoría de progreso, pero un buen «polideluxe» representaría todo un gesto de aproximación a esa gente sencilla y empoderada que inspira y articula el discurso de Unidas Podemos.

Los tribunales a los que Iglesias y Montero invitan ahora a la oposición para hablar de tapadillo sobre la tarjeta de Dina son los mismos a los que el líder de la manada morada acusó no hace mucho de prevaricar. Hay que ser coherentes, aunque sea en un plató de televisión, de rojos y maricones o como aquel en el que Iglesias quiso convertir las Cortes.

Tampoco hace tanto de eso, aunque ahora tampoco le valga para hacer autocrítica.

Jesús Lillo ( ABC )

viñeta de Linda Galmor