Hablaba yo ayer de los sans culottes y con las prisas me olvidé de citar al vicepresidente del gobierno que representa a la perfección a los gañanes hambrientos de venganza siempre injusta y exenta de garantías judiciales contra los letrados de la oligarquía .

Con su comportamiento de trillero ha utilizado su cuenta de Twitter para mentir sobre las intenciones del Rey Juan Carlos I que no ha huido porque eso lo hacen los cobardes, categoría moral en la que encaja a la perfección el esperpento político en el que se ha convertido Iglesias, y si alguien necesita un testigo que se lo pregunte a alguna de las señoras y colaboradoras a las que proteje y da trabajo.

El Presidente del gobierno sabe perfectamente donde se encuentra el Rey emérito que está a disposición de cualquier Tribunal de Justicia que legítimamente reclame su concurso y lógicamente cuenta con los servicios de escolta y protección que le corresponden, así que la única disculpa que tiene Iglesias Turrion para acusar de prófugo al Rey emérito es la ignorancia, porque la maldad de se le supone.

Resuelta esta tontería en dos párrafos porque un sujeto que miente desde el gobierno es una caricatura de sí mismo que no merece por hoy ningún otro comentario , quiero contar algunas anécdotas y sensaciones que viví como testigo y cronista durante años cerca del Rey Juan Carlos I en sus viajes por España y algunos otros países del mundo.

Siempre tuve la sensación de que la imagen oscura y triste de la dictadura se borraba a cada paso que daba ya fuese con Valery Giscard D’Estaing, Franćois Mitterrand o Jacques Chirac, con la Reina de Inglaterra, con los cancilleres alemanes , Presidentes de los Estados Unidos o cualquier otro mandatario de cualquier país del mundo, en especial en Latinoamérica.

Juan Carlos venia de la irrelevancia a la sombra del dictador y de pronto se convirtió en un líder que transmitía la sensación de ser más moderno, osado, y forjador de consensos que otros mayores y con más experiencia que él. A los ministros de los distintos gobiernos españoles les resultaba más fácil negociar acompañados de Juan Carlos de Borbón porque él aportaba simpatía y estirpe que es una cualidad que valoran especialmente los republicanos con estudios.

Fueron años de una actividad frenética que España supo aprovechar hasta el inimaginable extremo de convertirse en un país de referencia en el desarrollo de leyes más osadas que las que regian en la vieja Europa. El mérito lógicamente fue de los espańoles y de sus representantes en las instituciones políticas , pero no se puede negar sin faltar a la verdad la insustituible aportación del Rey Juan Carlos a ese desarrollo y ganancia de prestigio de España.

Con esto no quiero decir que existan disculpas para algunos comportamientos no ejemplares del Rey en momentos concretos de su vida, sin entrar a valorar sus relaciones extra conyugales que han significado una falta de respeto pública a su mujer la Reina Sofía, porque me refiero a excesos como la famosa cacería africana de elefantes -todo un símbolo de maldición de posteriores desgracias – y otras escapadas que siempre contaron con el conocimiento de los gobiernos de turno que podrían y deberían haber actuado para marcarle algunos límites

Hoy es un anciano con varias patologías y limitaciones fruto de numerosas intervenciones quirúrgicas, que no está firmando el mejor guión imaginable de su vida , pero está a disposición de lo que en su caso digan los tribunales de justicia dignos y respetables que no deben ser sustituidos por los chequistas que apestan a orujo y rezuman la frustración del odio que se alimenta de la maldad y la envidia .

España puede y debe respetarse a sí misma y a sus instituciones y se equivocan los chuloputas que creen haber asaltado los cielos sin antes haberse confesado, cambiado de muda y cumplir la penitencia .
Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Venga y ahora a eructar.

Diego Armario