LA MEMORIA DE LOS VIVOS

Está pasando por todos los rincones de España. Sucede en silencio. Sin que apenas alguien lo perciba más que cuando ya solo es ausencia. Son placas, lápidas o medallones, son modestos memoriales o apenas una inscripción, son cruces y columbarios en cementerios o capillas. Son nombres y tablas informativas con breves leyendas dentro y fuera de las iglesias, en edificios públicos y privados, en plazas céntricas, en calles perdidas y en parajes solitarios en el campo.

Son piezas de nuestra historia que desaparecen silenciosamente. Son los testimonios de sufrimiento, de muertes y crímenes, de matanzas inauditas, de hechos que horrorizaron al mundo con la persecución de civiles inocentes y la mayor matanza de religiosos jamás habida.

Cierto es que durante 40 años no se honró a combatientes caídos de las filas del bando perdedor ni a víctimas inocentes de quienes después fueron vencedores. Pero el llamamiento a la reconciliación empezó pronto para la crueldad infinita de aquella guerra. El propio Valle de los Caídos fue concebido como un símbolo de reconciliación en el que reposaran juntos los antiguos enemigos. Y tras la muerte de Franco el régimen se disolvió en la transición en un sistema de libertades que, con todas sus debilidades hoy tan manifiestas, permitió un notable éxito en el desarrollo del bienestar y una vida en razonable convivencia.

La decisión de dinamitar la continuidad histórica de este proceso y reactivar la Guerra Civil como factor político se produjo bajo el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Tres lustros después, el hostigamiento contra toda opinión discrepante adquiere visos dictatoriales. Autoridades nacionales, regionales y locales borran los testimonios de las matanzas perpetradas por las fuerzas socialistas, comunistas y separatistas, hoy aliadas de nuevo para mantener al actual gobierno.

Borran todo testimonio del terror rojo para negar que jamás existiera. La Iglesia, que debe su supervivencia física a la suerte de la guerra, accede sumisa a que se borren las huellas de sus mártires. Con la permanente propaganda de medias verdades y mentiras absolutas se deforma a la juventud desde la escuela y los medios. Para la agitación contra la reconciliación nacional y para descalificar, marginar y callar a quienes rechazan la falsaria versión de la izquierda de que el alzamiento militar fuera contra una democracia.

Y no contra el caos y la inminente amenaza de la dictadura bolchevique. No otro fin que esta persecución tiene la Ley de Memoria Histórica y su perversa segunda fase. Mientras en la derecha nadie aboga por una nueva dictadura, este Frente Popular agita en el enaltecimiento de las fuerzas totalitarias de la izquierda, responsables reales del fracaso de la II República y del estallido de la guerra.

Quieren hacer desaparecer todo testimonio que les quite la razón. En los medios en que son hegemónicos esos testimonios han desaparecido ya. Ahora se desvanecen los recuerdos en las piedras en nuestra geografía. Si logran imponerse les seguirán los libros. Para que la verdad se desvanezca con la memoria de los vivos.

Hermann Tertsch ( ABC )