LA MEMORIA ES LO QUE NO SE BORRA

La memoria es lo que no se borra y lo que hace la izquierda es revanchismo, resentimiento, intentar ganar una guerra que llevan 80 años sin asumir que la perdieron. La memoria es lo que permanece, hasta Lluís Llach lo canta: «no oblideu cap nom, caldrà fer memòria/ per no repetir el pas d’una història». La calle del general Yagüe. La calle de Marcos Peña Royo.

En Barcelona le robamos la calle al general Goded, que se rindió y a pesar de ello Companys le asesinó vilmente. Derrocamos la estatua del maravilloso Antonio López. No tenemos una calle Jaime Gil de Biedma. No tenemos una calle Carlos Barral ni José Agustín Goytisolo. Tenemos una plaza Salvador Allende, porque la izquierda está tan hundida en su odio que no ha leído ni sus libros y sólo quiere vengarse aunque sea apelando a ladrones y asesinos.

El nombre de las calles es nuestra memoria. Borrarlos no nos convierte en republicanos, sino en ignorantes y la ignorancia es la gran indefensión de los hombres libres. Franco ganó la guerra y murió en la cama tras cuarenta años de franquismo. Fue una vergüenza y una humillación la llamada resistencia, mucho más totalitaria que el Régimen. Nadie desea una guerra pero los que más repudian el franquismo son los que más hubieran sufrido y muerto si hubiera llegado el comunismo.

Podrán cambiar el nombre de las calles, quemar iglesias con nosotros dentro, inventarse los libros de Historia y hasta explicar la República sin su apabullante banda de criminales. Pero no hay partido de vuelta para su derrota. La memoria histórica no es memoria ni es histórica: es escribir hoy lo que ayer les negó la realidad, por siniestros y por necios; es intentar chutar los penaltis cuando el partido se ha terminado ya y no queda nadie en el estadio. No conozco a nadie inteligente y valioso que hable de memoria histórica.

No conozco a nadie con un proyecto de vida sólido que quiera ganar batallas del pasado con algo que no sea un futuro luminoso y posible. La sistemática invocación del pasado -que suele ser, además, un pasado irreal o mitificado- es un refugio para no tener que enfrentar la frustración, la mediocridad y el fracaso. Del pasado se aprende, del pasado se crece con más luz, con más generosidad, con mejores ideas.

Del pasado se saca la fuerza para concretar tu deseo de mundo mejor, si es que lo tienes. España se proyectó al universo con la Transición, convirtiendo el viejo dolor en amor y legándolo solemnemente a la Historia. Fueron nuestros dos mayores logros del siglo XX: no caer bajo el yugo atroz del Pacto de Varsovia y defender la reconciliación como la metáfora de la solución universal.

Salvador Sostres ( ABC )

imagen del asalto de Goded a Barcelona