El apoyo expreso de Bildu a la Ley de Memoria Democrática se debe a que la norma prevé la creación de una comisión que pueda conferir el estatus de víctimas de la represión durante la dictadura a personas hasta diciembre de 1983, cuando ya había democracia en España y gobernaba Felipe González.

Esa previsión no se ha hecho precisamente para homenajear a las más de 300 personas asesinadas por ETA entre 1978 y 1983, sino para reivindicar el legado y dignidad de las personas asesinadas a manos de grupos de extrema derecha en ese tiempo o la memoria de los etarras Lasa y Zabala, símbolos de la banda terrorista.

Pero la memoria de Bildu, y con ella la del Gobierno, es selectiva. En el olvido quedarán tres miembros de ETA asesinados por la propia banda por ‘traidores’.

Es el caso de Pertur, en 1976, de Mikel Solaun en 1984, y de Yoyes en 1986.

El error de la ‘memoria democrática’ es haberla ideologizado tanto que no solo resulta injusta, sino también inverosímil.

ABC