LA MENTIRA COMO POLÍTICA

Éramos la excepción en Europa: no teníamos extrema derecha. Ya la tenemos. Tal vez el mayor éxito de Fraga fue englobarla en su Alianza Popular, que devino en Partido Popular, el gran partido de centro derecha. Pero al ceder ante el nacionalismo catalán, los que se sintieron traicionados fundaron Ciudadanos. Como el abandono de las víctimas del terrorismo fue lo que creó Vox.

No es casualidad que tanto Rivera como Abascal dieran sus primeros pasos políticos en el PP. Únanle los arrumacos y concesiones de Sánchez a los golpistas catalanes y tendrán explicado el éxito de Vox y el castañazo del PSOE en Andalucía. Que seguirá dándoselo si no aprende la lección.

Al parecer, no la ha aprendido. Su reacción ha sido echar a Vox la culpa de su fracaso e intentar crear con las fuerzas constitucionales un cordón sanitario en torno a esa «extrema derecha». Nunca ha quedado tan en evidencia su cinismo y desvergüenza.

Primero, por olvidar la «extrema izquierda», de Podemos a Bildu, que se declara abiertamente «antisistema», y al independentismo catalán, que le auparon al poder y le ayudan a mantenerse en él. Luego, porque esas fuerzas son el peligro más inmediato que amenaza a España con su desafío a la Constitución, su desprecio de los tribunales y su campaña contra las instituciones, empezando por la Monarquía.

Pero seguimos esperando una condena clara, tajante, del Gobierno y del PSOE de todo ello. Aún ayer, Sánchez se mostraba partidario de suprimir la inviolabilidad del Rey. Ese hombre ya no sabe qué hacer para satisfacer al secesionismo. Cuando se le pregunta si amnistiará a sus líderes procesados, calla. Y el que calla otorga. Escudada en una falsa superioridad moral, la izquierda se cree con derecho a mentir, insultar, agredir, estafar. Ahora nos viene con que el mayor y más urgente problema de España es Vox.

Vox es el grito de los españoles humillados y ofendidos por los dos grandes partidos y sus marcas jóvenes. Los hartos de las vejaciones sufridas por el simple hecho de sentirse españoles y no poder decirlo sin sufrir escarnio. Que son más de los que parece, como acabamos de ver, y seguiremos viendo.

Gente de ley, de orden, que sólo quiere un trabajo digno, un sueldo justo y que sus hijos hereden un país mejor que el que ellos encontraron. No es mucho, pero no es lo que la izquierda ofrece. De ahí que haya sentido pánico al verlos alzar la voz en Andalucía. ¿Es extrema derecha? Posiblemente, pero la democracia admite los extremos siempre que respeten las normas y Vox, hasta ahora, no las ha violado, como los tramposos que intentan inútilmente acordonarlo.

No saben que, en democracia, el ciudadano normal, cumplidor de la ley y amante del orden, los supera con mucho, al ser más y tener razón. Acaban de tener la primera muestra. No será la última.

El próximo acto de esta farsa pudiera ser que, para mantener a Sánchez como presidente, los nacionalistas catalanes apoyen el presupuesto… de Rajoy.

José María Carrascal ( ABC )

viñeta de Linda Galmor