LA MESA QUE DE VERDAD IMPORTA

Cerca de 30.000 muertos después (más de 40.000 según otros conteos quizá más fiables) que aparecen y desaparecen de la estadística oficial; con casi un cuarto de millón de contagiados, entre ellos 50.000 sanitarios, víctimas de una racha esperpéntica de compras de material, a veces caro y defectuoso; con una caída del PIB como en la vida; con entre cuatro y cinco millones de parados (a ver qué cifra para mayo sale esta semana del Sepe); tras una purga en la cúpula de la Guardia Civil y dos notas de protesta de los jueces por los arreones a su independencia por parte de miembros del Gobierno; con el vicepresidente segundo -al que Sánchez metió en los secretos del CNI aprovechando el estado de alarma- acusando de golpista a un partido de la oposición y «celebrando» el Día de las Fuerzas Armadas advirtiendo de riesgo «de insubordinación» en los Ejércitos; con Interior mandando a la Benemérita perseguir las críticas al Gobierno…

Con todo eso a la espalda, Sánchez celebró ayer su particular pentecostés con otra comparecencia televisada, lleva decenas, sin reconocer apenas un error en la gestión de esta crisis. Le escuchas y parece que en todo este tiempo solo hubiera habido ese «par de contagios» que esperaba Fernando Simón cuando todo esto empezaba.

Dijo Sánchez ayer que el «virus es una amenaza gravísima» (ya lo era a finales de febrero y no hizo nada) y anunció, eso sí, una nueva prórroga del estado de alarma, a la que en esta ocasión no pondrá pegas ERC porque al parecer el presidente del Gobierno ya le ha prometido que, aunque no esté escrito en el BOE, la fase 4 incluye para Cataluña reabrir la mesa de negociación bilateral donde se discute la unidad de España.

Pero no es esa mesa la que interesa ni a España ni a los españoles. La mesa que les conviene es esa otra en la que muchas familias no podrán poner nada encima a la hora de comer. Ayer decía en estas páginas el ministro de Seguridad Social que no creía que «la pobreza haya aumentado tanto por el Covid-19» y que «los que son pobres ya lo eran antes». ¿Por qué entonces se han hecho interminables en este mes las colas del hambre?

La mesa del Palau de la Generalitat solo les interesa a Sánchez y a los separatistas, que fueron precisamente quienes lo pusieron otra vez en La Moncloa para que se la llenara, bueno, si es que el PNV deja algo en la despensa. Otra vez manos a la obra, deconstruyendo España.

Álvaro Martínez ( ABC )