Son, a poco que nos fijemos, la marca, el modelo y la muestra de gran parte de la inmigración que soportamos. Gente pendenciera, exdelincuentes a los que no se expulsa y se promociona, dependientes de todo tipo de prestaciones, y menores conflictivos y proclives al radicalismo islámico a los que alimentamos, educamos y tratamos como si fueran nuestros hijos.

Pudimos haber aprendido, pongamos que de Francia, de lo que supone el problema de una extranjería desbordada, pero no lo hicimos. No lo hicimos, porque descubrimos que se podía tener mano de obra barata y de paso romper el mercado laboral nacional…
De repente, porque el chollo era ampliamente compartido, se podía tener jardinero, niñera, cocinera, cuidadora de ancianos y hasta chofer, todo por el precio de un español y sin papeles, lo que era como tener cinco esclavos a los que no manumitiríamos nunca.
Estábamos ganando en nivel económico a Italia, y a pocos puntos de alzarnos por encima de Francia, que esto se dijo. Además de ser el país donde cualquier mindundi se podía hacer rico, que esto se dijo antes. Tiempo de vino y rosas. Y el Emérito disfrutando a sus anchas, para que ahora se ceben sobre él.
Aquí el único que ha acertado es el jefe del “Clan de los Hermanos Sevillanos” que dijo aquello de que “a España no la conocería ni la madre que la parió”. El resto ha estado en sus festines. Confundiendo alzarse con cumplir, desobedecer con advertir… La Patria con sus intereses.

Hoy, como consecuencia de aquello, soportamos una inmigración absolutamente desbordada, fuente de enormes problemas sociales y económicos, a muchos de los cuales ya no se puede devolver a su país. Ahora bien, como la situación es todavía peor a la descrita, seguimos siendo incapaces de devolver por procedimiento de urgencia a quienes siguen entrando, a quienes recibimos con un beso y una manta; y si es el caso que lo haga una mujer en tanga, la cosa despierta mayor ternura.

Pero como todo esto lo sabemos, que es por lo que esperamos la llegada de VOX a los diferentes gobiernos de España, centrémonos en los especímenes que representan la extranjería que soportamos. 

De Lucía Caram Padilla, la monja fea que podría pasar por un tío, sabemos poco. Sabemos que es argentina, pendenciera y ordinaria, y que vino de la “redada” allende los mares como tantas otras para evitar cerrar monasterios y casas de religiosas en España.

Del negro que aplaude en el Congreso sabemos que fue un delincuente (mantero), que no es un negro de los nuestros, esto es, guineano ecuatorial, que entró en España utilizando los medios, formas y maneras que todos sabemos, que nadie le ha votado y que no hace absolutamente nada, pero al que alimentamos más allá de lo que sería justo, bueno y razonable.

Si es de hablar de Echenique, ¿qué más podemos decir que no hallamos dicho de este espécimen necesitado de tantas cosas como le hemos proporcionado los contribuyentes españoles?

Y en cuanto a las Menas. Se sabe que se reparten entre delincuentes en Marruecos, hijos a los que sus padres envían a España para ser alimentados y educados, y jóvenes de familias desestructuradas, y por eso mismo, también ellos desestructurados. Siendo el ideal de todos ellos la conquista de la mujer blanca, comprarse un coche y llevar un reloj dorado 

Si por mí fuera mañana mismo enviará a toda esta cuadrilla a sus países con lo puesto… Como llegaron.

Ahora bien, como consecuencia de que nuestras mujeres no paren, necesitamos cara al año 2050, según datos aproximados, entre 8 y 12 millones de extranjeros. Si esto no lo soluciona VOX con el conjunto de los partidos nacionales de Europa, que será difícil, la cosa es huir antes de llegar al Estado fallido. Ya saben… Ojos que no ven, corazón que no siente.   

La extranjería es el mayor problema de España y de Europa. Un problema en el que nos jugamos la supervivencia como civilización… Acordémonos de Roma. 

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )