“Sostenella y no enmendalla” es la divisa de toda acémila antropomorfa, fundamentalmente de izquierdas. Haberlas haylas también en la derecha, no me vayan a tildar de sectario, pero esa raza de mula mental se da mayoritariamente en la izquierda que, con el aplauso electoral de sus numerosos cómplices, tantos como votantes tiene, ni aprende ni escarmienta, sobrevive con el forraje propagandístico, reescribe la historia a coces y se aferra a sus caducos y fracasados eslóganes; he ahí el recurrente “No pasarán” o el grandilocuente “Madrid será la tumba del fascismo”, que repiten con la cadencia de una melopea aunque el fascismo ni estuvo, ni está, ni se le espera, y los que no iban a pasar entraron desfilando hasta la cocina mientras ellos corrían como gallinas con diarrea caminito de los campos de concentración que la dulce Francia les tenía preparados.

Ni aprenden, ni se arrepienten, ni escarmientan. La mula de izquierda es muy tenaz, no para el trabajo, sí para la reiteración del error, que no pagan sólo sus cómplices.

La factura la abonan siempre sus víctimas pues sus cómplices, o sea sus votantes, cuando tras años de coces llega la ruina, están todos amarrados por el ronzal a cualesquiera de los chollos misericordiosos legislados por las acémilas de izquierdas, desde un Salario Mínimo Vital a la Vicepresidencia de Endesa, por ejemplo.

La piedad de la mula roja es transversal, como Yolanda Díaz, y universal como sus crímenes y latrocinios, y como la estupidez congénita de sus votantes quienes, engatusados por la jerga filosófica infantiloide de sus jefes de manada y entregados a la estulticia y a la indolencia, regresan siempre, como un perro a su vómito, al voto rojo. No hay cura, ni vacuna ni antídoto.

La acémila de izquierdas es sorda a la vergüenza, congrega sus emociones en la oscuridad de su ignorancia y, amamantada en el odio, tropieza ad infinitum con la misma piedra.

He ahí a Alberto Garzón y a Pedro Sánchez, la alcahueta que le paga la cama y la jofaina en el muladar de la Moncloa.

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )