LA MUTACIÓN DE SÁNCHEZ

Pedro Sánchez privó ayer al constitucionalismo de una baza relevante al rechazar que el PSC pueda apoyar la investidura de Inés Arrimadas en el caso de que los votos de Ciudadanos, PSC y PP fueran suficientes para convertirla en presidenta de la Generalitat. De hecho, Sánchez ve plausible una repetición de las elecciones catalanas en primavera porque será muy complejo resolver el previsible bloqueo de una aritmética parlamentaria endiablada.

Sánchez está mutando. Su «no es no» al PP se está convirtiendo con los meses en un argumento arcaico y obsoleto que, con motivo de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, él está sustituyendo por conversaciones privadas y constructivas con Mariano Rajoy, y por el deseo de afrontar reformas estructurales conjuntas con el PP en la convicción de que ello «suavizará» la imagen del PSOE en su verdadero objetivo de recuperar votos del centro que ahora ocupa Albert Rivera. Sánchez es consciente de que el desgaste de Pablo Iglesias –no tanto de la marca Podemos- es progresivo, y de que ya está rentabilizando una imagen de moderación que le ha permitido recuperar votantes fugados en su día a la extrema izquierda. De los abstencionistas decepcionados con Iglesias poco podrá obtener el PSOE en las elecciones generales, pero de la fabricación de una imagen muy derechizada de Ciudadanos Sánchez sí confía en recuperar parte del voto progresista moderado.

En este tablero táctico, Sánchez se ve cómodo y las encuestas van confirmando su objetivo de garantizar al PSOE una base anclada en torno al 24 por ciento de los votantes. Sin embargo, el PSOE y el PSC cometen un error cerrando drásticamente cualquier opción, por hipotética y remota que sea, de facilitar un Gobierno constitucionalista en Cataluña. No es fácil medir el impacto que pueda tener para el PSOE un veto a un supuesto Gobierno presidido por Ciudadanos en Cataluña, solo por el hecho de plantar cara a Albert Rivera en el resto de España. Es una cuestión de tacticismo legítimo y de oportunismo político. Pero si dependiese del PSC provocar un bloqueo institucional de Cataluña hasta primavera y la repetición forzada de unos comicios que diesen bazas a un independentismo refundado, la marca PSOE podría resentirse.

El PSC no pactará ningún Gobierno con el independentismo. Tampoco con Ciudadanos y el PP…, de modo que si Miquel Iceta fuese el fiel de la balanza, está dispuesto a convertir el 21-D en un proceso inocuo. No sería solo una oportunidad perdida. Sería también un inmenso error político incompatible con la mutación que Sánchez dice estar experimentando.

Manuel Marín ( ABC )