LA NAVIDAD POPULISTA DE ADA COLAU

Mi suegro dice siempre que no hay nada más triste que alguien que no cree en Dios. Ahí está el Belén de Ada Colau para confirmarlo. Un Belén sin Dios, y lo que es peor, sin esperanza.

¿Qué nos explica este Belén? ¿Que Dios no existe? No. Nos explica que Ada Colau está desesperada por dentro, desahuciada. Su Belén es nuestro espanto, pero es su problema. Esto es importante recordarlo, para no perder demasiado el tiempo en absurdas querellas.

Los del resentimiento son ellos, los del complejo son ellos. ¿Alguien piensa que Ada Colau no cree en Dios? Claro que cree. Lo que pasa es que sospecha que no le cae bien, y por eso se comporta de este modo tan absurdo, tan ridículo, tan desesperado. Alguien tendría que abrazarla y bastaría con un abrazo para que dejara de vivir a través de su odio tristísimo, calamitoso, sediento de una voz que le confirme que aún vivir merece la pena.

No es burla, ni psicología barata, ni predicar en el desierto. Cuando tú ves el bodrio de la fotografía que precede a este texto, la única conclusión posible es la que Valentí Puig advirtió: «La cantidad de estupideces que uno cree por tal de no creer en Dios».

La Navidad es la gran victoria de la Humanidad. Cada día Dios nos manda a su hijo para salvarnos. Todavía necesitamos ser salvados y al fin y al cabo no es ninguna novedad que quienes más reniegan de su trascendencia son quienes más la necesitan en todos los aspectos de su vida. Créanme: la falta de sensibilidad y de inteligencia genera muchos más pobres por minuto que las llamadas «injusticias sociales».

Llevamos demasiado tiempo viviendo bajo circunstancias especialmente extraordinarias y francamente desagradables. No digo que no tengamos que preocuparnos. No digo que no sea grave. Lo que digo es que no hemos hecho nada malo, que no somos culpables, que no hemos faltado a nuestro deber con la luz, con la Creación, con la ternura que nos ha traído hasta aquí.

Ada Colau o Carmena son sin duda un buen proyecto para el mal, pero no hemos dejado nunca de decir lo que pensamos, ni vamos a dejar de hacerlo, ni el resentimiento puede ganar las batallas a lo largo del tiempo. ¿Has visto este «Belén», no? Imagínate lo que te habría dicho tu abuela si lo hubieras hecho tú. Ésta es la referencia correcta y no lo que trágicamente se ha vuelto la corrección política bienpensante.

No pierdas el tiempo indignándote. Sólo recuerda que la gracia de Dios es infinita y que está de nuestra parte.

Salvador Sostre ( ABC )