LA » NOLUNTAD » NACIONAL

Cuenta Unamuno que, cuando un amigo le preguntó que qué quería España le contestó: «No quiere nada. España quiere que la dejen en paz.

Y así hasta Dios la deja de su mano» (La Noluntad NacionalRevista España, 1915). Rescaté esta cita cuando comprobé que algunos de mis compañeros de Gabinete no compartían mi entusiasmo por Gibraltar y, sobre todo, cuando mi sucesor en Santa Cruz, Josep Borrell, anunció que renunciaba a plantear la cuestión de la soberanía compartida a cambio de que los gibraltareños prometiesen no exagerar en el contrabando de tabaco, en las prácticas fiscales abusivas, en la discriminación a los trabajadores españoles o en el expolio del medio ambiente.

Por no reclamar, ni siquiera plantea una administración conjunta de un aeropuerto que está situado en un istmo y unas aguas que nunca fueron cedidas.

La noluntad nacional en el caso de Gibraltar se explica francamente mal cuando es notorio que la legalidad internacional está claramente de nuestra parte. Pero antes de entrar en materia, quiero aclarar que no hay un Gibraltar; hay cuatro Gibraltares diferentes: el territorio cedido en Utrecht, las aguas que rodean la Roca, el istmo y el Campo de Gibraltar, de soberanía española pero económicamente dependiente del Peñón.

El Reino Unido se agarra al Tratado de Utrecht para legitimar la ocupación de los tres Gibraltares británicos. Sin embargo, Utrecht sólo legitima la ocupación de la fortaleza y el puerto de Gibraltar, pero no la de las aguas que rodean el Peñón ni mucho menos la del istmo que fue temporalmente cedido por España para atender a las víctimas de la fiebre amarilla (1854) y que nunca nos fue devuelto.

Conviene subrayar que el Tratado de Utrecht se cuida de especificar que si el Reino Unido decide renunciar a sus derechos, Gibraltar retornaría a soberanía española.

José Manuel García-Margallo ( El Mundo )