LA NUEVA ERA DE LA METAMORFOSIS

Como le pasó a Gregorio Samsa, ya no caben dudas de que la transformación comenzó casi sin darnos cuenta. El desafortunado muchacho protagonista de “La Metamorfosis” de Kafka despertó una mañana convertido en un insecto y esa mutación ya no tuvo marcha atrás. Aparentemente estamos sufriendo algo similar, pero con la diferencia de que aún no nos hemos despertado.

Sí, resulta sobrecogedor e inquietante, pero todo apunta a que el cambio ya se puso en marcha y las consecuencias del mismo aún están por verse. Además, parece también inexorable a pesar de ciertas resistencias o meros y buenos deseos.

Ya empezamos a oír que el mundo no será como antes, como lo habíamos conocido hasta ahora, que ya no será el mismo, que será mejor o peor pero no igual al anterior. Todo indica que este año 2020 entrará en la Historia de la Humanidad como un año fatídico, trágico, de esos que desearíamos olvidar, que nunca hubiese llegado o que ya hubiera pasado.

No viene a cuento una descripción de las desgracias, pero si tal vez alguna reflexión que nos ayude a comprender un poco donde estamos parados en este punto de la multipandemia que sufrimos. Multipandemia porque no solo nos afecta la crisis la sanitaria sino también de manera solapada otras que se superponen como si de las capas de una cebolla se tratase.

Vayamos por partes. Estamos viviendo un cambio histórico por sus consecuencias económicas y por ende sociales que dejarán graves efectos en millones de personas de todo el mundo. El deterioro y la destrucción del tejido económico dejará una grave crisis social sin precedentes con la que tendremos que convivir durante mucho tiempo.

También traerá aparejado una crisis política y el cambio en la relación del poder con sus ciudadanos, sobre todo respecto a las libertades y los derechos, también afectados por la mutación antropológica que estamos sufriendo y que a día de hoy apenas estamos percibiendo.

El cambio en las relaciones humanas ya está en marcha: distancia de seguridad, equipo de protección individual, aislamiento, confinamiento y demás medidas y elementos que nos alejan del otro físicamente.

Paradójicamente nos obligan a estar “más cerca y más juntos” detrás de la pantalla del móvil, de la videocámara del ordenador, geolocalizados, conectados todos viendo el concierto “One World. Together at home” para recaudar fondos para la OMS, o para celebrar el cumpleaños del niño con la familia vía Skype.

Y todos felices y contentos.

Habrá que intentar que La Nueva Era de la Metamorfosis no consiga transformarnos en insectos cascarudos, indefensos, aislados y serviles como sucedió con Gregorio Samsa, y que al despertar y mirarnos en el espejo no veamos a una cucaracha kafkiana.

José Papparelli ( ElCorreo de España )