LA OMERTÁ ANDALUZA

La corrupción también se cansa. Baja la guardia. Calla y otorga. El expresidente de la Junta de Andalucía José Antonio Griñán interpretó en el Senado una de las partituras más hondas de Beethoven, que fue quien dijo aquello de que nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo, y escogió la mudez como burladero. La omisión de la memoria como alegoría de la decadencia andaluza, cautiva de un conformismo casi bucólico. Esa afonía de Griñán simboliza el estado de lasitud y de hastío que va a poner sordina a las urnas mañana en el Sur.

Como el expresidente, cada andaluz extenuado de tantos años de vaciedad aguardará cabizbajo las preguntas que su conciencia le hará tras las cortinas mientras elige una papeleta. Y escenificará el verso íntimo de Aleixandre, un andaluz mucho más esencial que el que impone el arquetipo, mientras ensaliva el sobre: «El puro silencio eres tú, oh dormido, oh abandonado, oh solitario».

A veces el silencio es la mayor mentira. Por eso la necrosis suele dar la cara sin hacer ruido y cuando ya es irreversible. Y por eso calla Griñán antes de doblar la esquina de las elecciones autonómicas. La pena que se grita es siempre pequeña. La grande se silencia: o por vergüenza o por agonía. Esa es la explicación del mutismo en el que languidece Andalucía antes de enfrentarse a su destino.

Mitad bochorno, mitad dolor. Mitad agotamiento, mitad conformismo. En ese silencio que no ha salido en las encuestas, pero que se respira en el ambiente, hay una mezcla extraña de indolencia y de rabia, de desidia y cólera. El PSOE ha congelado el progreso natural de Andalucía con humillantes políticas clientelares basadas en el cultivo de los estómagos y no de las mentes, despilfarrando millonadas en el mastodóntico tendido eléctrico del enchufismo y repartiendo dinero a mansalva de forma arbitraria entre los suyos, que han hecho el camino de la vocación de servicio a la inversa: primero se han dedicado a la política y luego han montado empresas para captar subvenciones.

Después de cien mil millones de euros de inyecciones europeas, Andalucía sigue siendo una de las regiones más pobres del continente. Y ya ni los enchufados soportan esta vejación. La gran mayoría clama por un cambio que, sin embargo, ningún partido de la oposición ha sabido patrimonializar. En gran medida, eso también es obra del socialismo endémico: divide y vencerás.

La Comunidad no está vertebrada porque a la Junta le ha convenido consolidar un sistema de reinos de taifas en el que no hay conciencia común. Andalucía es hoy, gracias al régimen socialista, una suma de pobres localismos. Una tierra corrompida y desmayada. Una resignación. Por eso el silencio de Griñán es victorioso. Porque representa a la mayoría de los andaluces, que va a ir a votar con una quimera en el corazón y una sumisión en el sobre. Silenciosamente.

Siendo cómplice de una omertá desoladora que se da por puro decoro: el PSOE actual es el peor de la historia y, por tanto, obtendrá su peor resultado, pero la oposición ha hecho todo lo posible por que Andalucía pierda la esperanza.

Alberto García Reyes ( ABC )

viñeta de Linda Galmor