Solo un calculado y mezquino interés político puede explicar la obsesión del Gobierno por reabrir heridas de hace más de 80 años e ignorar otras que siguen desgarrando de manera obscena a los españoles y envenenando la convivencia social.

Así, mientras la vicepresidenta Carmen Calvo vuelve a poner de actualidad la Guerra Civil y el franquismo, una cuenta saldada por toda la sociedad durante la Transición, el ministro del Interior, con su política de privilegios a los presos de ETA, pretende dar por superado el terrorismo de la banda con el espurio objetivo de conseguir el apoyo parlamentario de los herederos de la organización terrorista.

Pero la memoria de aquellos años de Terror, dolor e infamia les sale al paso a cada instante.

Hoy se cumplen 20 años desde el inicio de la última gran ofensiva etarra en Cataluña, con la reactivación del comando Barcelona, poco después del fin de la tregua trampa, como la calificó el entonces ministro Mayor Oreja, anunciada por ETA en 1998.

Además del asesinato del ex ministro Ernst Lluch, el saldo fue de dos concejales muertos, un policía municipal y un mosso. Si ya resultó repugnante el pacto firmado en 2003 con los terroristas por el líder de ERC Carod-Rovira, el de ahora entre el Gobierno, la propia ERC y Bildu es igual de indigno.

 Sánchez debería saber que no todo es éticamente aceptable para lograr aprobar los Presupuestos.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor