LA PANDEMIA POPULISTA

Algunos ya habíamos advertido sobre lo nefasto que sería para el país este Gobierno homeopático cuya principal misión es la de la autopromoción institucional. Pero una vez más afloró esa mentalidad española que abraza al que promete un arcoíris perpetuo y gratuito, mientras expulsa al que advierte de los sacrificios para salir de la ciénaga.

Nos hemos convertido en un país con una población envejecida, pero con una mentalidad infantil, que sólo acepta las malas noticias cuando su portador viene con una solución simplista bajo el brazo. Caso contrario, matamos al mensajero. Somos el caldo de cultivo perfecto para que aflore el populismo y se asiente en el poder por esa preferencia nuestra de primar el relato frente al dato.

Pero ni siquiera el populismo sanchista ha resistido los envites de la pandemia. El virus importado de China ha evidenciado que el Gobierno de “Su Persona” está desnudo, dejando sus vergüenzas a la vista de todos.

La ineptitud y la escasa formación de muchos de sus ministros ya no sólo para prevenir, sino para afrontar esta situación de crisis, no es opinable. Lo demuestran día sí y día también en cada una sus intervenciones públicas pese a que el gabinete de prensa de La Moncloa les filtra las preguntas. Pero, lo que es peor, lo dejan patente en el BOE.

Nuestro boletín oficial se ha convertido en un intento de panfleto propagandístico de la gestión gubernamental de la crisis con el que camuflar un arma de destrucción masiva de empleo.

En un momento de confinamiento poblacional y desasosiego, en el que la situación requiere que las medidas adoptadas conlleven la menor proactividad posible por parte de los ciudadanos, el Gobierno se ha dedicado a parir normas de difícil comprensión que generan un enorme lastre burocrático.

Algo que no debería sorprendernos viniendo de quienes conciben lo público como una coartada para aglutinar poder, y no como una herramienta para garantizar de formar efectiva y eficaz la igualdad ante la ley y la libertad. La burocracia es una correa de transmisión del poder hacia la sociedad, su particular manera de hacernos dependientes y someternos al decisionismo político. O dicho con otras palabras: de crear una ciudadanía mendicante.

El tiempo que se pierde en recurrir a una mentira y sostenerla es proporcional al que se deja de invertir en la necesaria transformación de la realidad.

Guadalupe Sánchez ( Vozpopuli )

viñeta de Linda Galmor