LA PANDEMIA SOCIALISTA

De las siete clases de españoles que señalaba Pio Baroja, como los siete pecados capitales, resaltaré, hoy, el quinto: “el de los españoles que viven gracias a que los demás no saben”.

Esa clase, casta, cenáculo, élite o covachuela, como quieran llamarle, es la de los políticos que, aunque se consideren “intelectuales”, su intelecto no llega ni para gestionar la compra de mascarillas en China, pero sí para falsificar títulos académicos.

En el universo, como en el ser humano, los ciclos de las epidemias forman parte de una catarsis de la naturaleza, que se revela por la falta de respeto del hombre contra ella y contra su creador. Viene, desde un prisma teológico, como remedio de nuestros males y castigo de nuestros pecados.

Pero las pandemias globales o epidemias locales que afectan a la salud, directamente provocadas por un virus o una bacteria, no han sido los peores males a los que se ha enfrentado, en la historia, la humanidad; ni las que más victimas han ocasionado.

La pandemia que más muertos, ruina económica, degradación moral, desesperación y sufrimiento ha provocado, y aún goza de buena salud y predicamento: es la comunista. Llega al poder cuando las defensas de la sociedad -los valores de la civilización- están bajas, el descontento social es manifiesto, la situación económica inestable, la corrupción institucional presente e inexistente el respeto al derecho ajeno.

Es cuando los tontos útiles, compañeros de viaje e indoctos socialistas se coaligan con ellos, aspirando a perpetuarse en el poder, a base de controlar los movimientos de masas -leyes ideológicas-, los medios de comunicación, la enseñanza publica, los sindicatos de clase, hoy llamados “agentes sociales”, y neutralizar a la Magistratura, la Iglesia y el Ejército.

Así fue con Pablo Iglesias Posse, Largo CaballeroIndalecio Prieto, Saborit, Negrín etc. y lo es ahora, con el farsante e impostor Pedro Sánchez, cuya responsabilidad en la epidemia y subsiguiente número de muertos, hace inasumible su permanencia en el poder.

Durará el tiempo que, la muleta del ansia de poder, logre mantener la embestida suave y mansurrona de una derecha sin principios ni estrategia, bajo el ardid de unos imposibles Pactos de Estado que le permitan salvar su responsabilidad y volver al guerra civilismo de la II República.

De las epidemias sanitarias se sale, como ha demostrado la historia; también de las crisis económicas, cualquiera que sea la causa. Pero, de la epidemia socialista, inducida por la falsificación del pasado; las leyes de “ingeniería social”; la educación enfocada al adoctrinamiento; la adulteración de la realidad por una ideología; y el control de todas las instituciones que garanticen el estado de derecho y sirvan de contrapeso al poder; todavía no hemos conseguido salir, en democracia.

Llevamos, 140 años la epidemia socialista; obligados a cargar, como en el “mito de Sisifo” de Camus, con la pesada piedra a que nos condena el socialismo, en cada ciclo histórico, en que llega al poder. Solo en la Era de Franco, y nos costó una guerra, estuvieron cuarenta años de vacaciones políticas y trabajando, como todos los españoles. De ahí el resultado.

Esa “pandemia ideológica”, cuyo ideal de emancipación e igualdad fraterna, o sea, justicia social con los más desfavorecidos, iba a transformar el mundo; ha ocasionado, en el siglo XX, más de 100 millones de muertos y permanece en China, Corea del Norte, Laos, Cuba, Venezuela, Nicaragua y ahora recomienza el camino: en España.

 Nadie puede negar estos datos históricos, ¿porqué entonces se oculta sistemáticamente ese terrorífico pasado en todas las democracias?, ¿Porqué son legales quienes utilizan la libertad para destruirla, y la democracia para subvertirla?

La respuesta parece clara: porque la defensa del estado de derecho y de una sociedad justa; informada en libertad y con mecanismos de control, no se ejerce desde el poder, ni entre los partidos que se han turnado en el poder.

Porque la Constitución que ampara derechos y establece deberes, no se cumple, ni respeta, por quienes tienen mayor obligación de hacerlo. Y así llevamos, en una democracia formal, pero no real en muchos aspectos, desde hace 40 años.

Tal vez la causa más profunda del fracaso de los socialistas es que no han psicoanalizado su historia, plagada de errores, de fracasos, de utopías. Tal vez han tratado de conquistar al mundo por la palabra, sin fundamento racional posible o coherencia.

Tal vez han creído que el partido es la encarnación de la idea revolucionaria de la historia y el único instrumento de la misma. Tal vez, ya estamos tardando, el pueblo español se de cuenta de su impostura y les mande por el sumidero de la historia, tirando de la cadena como en Italia, Francia o, resto de Europa.

Llevamos demasiados sufrimientos, demasiados muertos, como para soportar la doble epidemia juntos y unidos.

¡BASTA YA!, SONARÁ COMO UN SOLO GRITO DE DESESPERACION Y JUBILO, CUANDO ACABE LA CHAPUZA DEL CONFINAMIENTO.

Jaime Alonso ( El Correo de España )

viñeta de Linda Galmor