Angels Barceló, periodista de la cadena SER que acunó entre sus brazos a Pablo Iglesias la mañana que se entristeció cuando la candidata de VOX a la Comunidad de Madrid le sacó de quicio y decidió abandonar el debate electoral, ha vuelto a acoger en su regazo a otro político.

Esta vez ha mecido al Presidente del gobierno – que por su personalidad no necesita ese tipo de carantoñas sobonas –para defenderlo de los abucheos que recibió el pasado día 12 durante los actos de la Fiestas Nacional, diciendo que “los insultos y abucheos a Sánchez son a la democracia”.

Podría haber dicho que esos abucheos le parecían mal, que fue un comportamiento incívico en un acto institucional tan importante, o que quienes gritaban pertenecen a la derecha más rancia del país. Pongo en su boca estas expresiones como alternativa a la sentencia apocalíptica que finalmente eligió, pero ella prefirió convertir al inquilino de la Moncloa y la Mareta en el símbolo que engloba al propio Estado y a la democracia nacional, como si fuese Luis XIV.

Eligió la parte por el todo y su admiración por el líder le veló la especie, porque en un país en el que quemar las fotos del Rey no es delito porque así lo ha dictaminado al Audiencia Nacional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, o ciscarse en la memoria de los asesinados por ETA tampoco lo es, resultaría desproporcionado elevar a la categoría de crimen de Estado llamarle al Presidente del gobierno sinvergüenza o mentiroso.

Basta con subrayar que   esos gritos constituyen un comportamiento impropio de gente educada, que sin embargo tiene derecho a expresarse así sin que eso signifique que se ataca con esas expresiones a la esencia de la democracia, que consagra la libertad de expresión.

Hace años que no me sorprende nada de lo que pasa en lo que algún día se llamó periodismo en nuestro país  porque hubo una época en la que había redactores, reporteros, cronistas, gacetilleros, enviados especiales, editorialistas y…mamporreros del poder, pero poco a poco ha ido desapareciendo estas categorías laborales y en el ámbito de la información política,  han sido sustituidas por las de palmeros entusiastas, guardias de corps, negacionistas de lo evidente, asesinos a sueldo, mentirosos sin fronteras, jineteros del poder o contertulios alineados.

Menos mal que aún perviven muchos periodistas con dignidad en nuestro país.

Diego Armario