LA PASIÓN Y LA RAZÓN

Tras seguir el bochornoso y deleznable debate en el Congreso sobre la prisión permanente revisable, tras soportar la realidad obscena de la política, sumergirse en la ficción es un buen recurso para relajarse. Llegas a casa y te pones a ver una serie -con esa capacidad liberadora que te da ahora la televisión para no estar sujeto a la programación y para estar fuera de onda-, en este caso Borgen. Alguien te dijo que era buena, y tres años después te encuentras tiempo para verla, cuando ya no tienes con nadie con quien debatir sobre su calidad. Una serie danesa de intriga política que tiene sus cosas pero, en general, sí, es buena.

En el capítulo en cuestión, la protagonista, primera ministra de Dinamarca, ha tomado la decisión de retirar sus tropas de Afganistán, pero se produce una ofensiva talibán que acaba con ocho soldados daneses muertos. Se desata una tormenta política. La primera ministra se reúne con familiares de las víctimas. No cree que la oposición utilice contra ella a los militares muertos, pero lo hace y se ve obligada a rectificar. El frágil gobierno de coalición cambia de postura y aplaza la retirada.

No hay forma. Vuelta a la realidad. En Afganistán han muerto cientos de soldados. En España se asesinan niños, hay crímenes abominables y los seguirá habiendo. Ocurren cuando una mente enferma, que no tiene en cuenta la agenda política, lo decide. El debate del pasado jueves en el Congreso no tenía que haberse celebrado. No se pueden tomar decisiones con el corazón encogido. 

Nada ha cambiado desde hace dos años, cuando los que denostaban la prisión permanente revisable creían que rompía el consenso constitucional de la reinserción del preso. El Tribunal que salvaguarda la Constitución deberá decidir, pero hasta entonces los que recurrieron ante él y apostaron por derogar la ley no tienen ningún motivo para echarse para atrás. Con la imagen del pequeño Gabriel presente, la voz de los padres suena más alto y más fuerte. Tiene que ser así, son víctimas del crimen más infame, el que acaba con la vida y la inocencia de una vez.

Mañana se manifestarán y con ellos muchos de los que no quieren ver más asesinos en libertad. Se puede escuchar la voz de la calle, como pide el Gobierno, pero no se puede utilizar a los muertos. Napoleón recomendaba a los políticos actuar sin pasión: “No os pronunciéis jamás sin haber dado a la razón tiempo para volver”. Anteayer, en el Congreso, no le dieron tiempo a la razón, y utilizaron a los muertos. Fue ruin, pero se veía venir.

Rafael Moyano ( El Mundo )