Después de fracasadas las elecciones madrileñas, el gobierno de don Pedro Sánchez comienza a asomar la patita. No ya la patita del bolchevismo, de la incapacidad de asumir la realidad desde su mundo perfecto, donde lo que no cuadra con las teorías del gurú Tezanos simplemente se ignora.

Está enseñando la patita de las subidas confiscatorias de impuestos, de nuevas tasas, de innovadores sacacuartos. Por ejemplo, convirtiendo las autovías -con la posibilidad de hacer lo mismo con otras carreteras- en autopistas de peaje. Por supuesto, sin dotarlas de las características de seguridad que debe ofrecer una carretera para considerarla como autopista.

El sofisma está bien construido: que pague el que usa. Con esta explicación estarán contentos todos los que no viajan con su coche por carretera normalmente, y mucho más los que no tienen coche. ¡Que esos malvados automovilistas se rasquen el bolsillo!

El vehículo de tracción mecánica ya tiene varios impuestos y tasas: IVA, matriculación, circulación; impuestos especiales sobre hidrocarburos, más el IVA que se cobra sobre ese impuesto especial; impuestos sobre los seguros, que para un coche son obligatorios. Y seguramente se me olvida alguno. Y ahora, ¡que paguen por usar las carreteras!

Y estoy viendo a los crédulos desmotorizados que tanto protestan por la existencia de los coches, pero no se acuerdan de protestar por los humos de los autobuses, y menos aún por los contaminantes de las centrales térmicas que producen la electricidad con que recargar los coches eléctricos, hacer palmas con las orejas. Estoy viendo a los que no tienen coche desgañitarse alabando a Pedro Sánchez por darle duro al bolsillo de los que si lo tienen, subiendo los impuestos a los combustibles. Seguro que el mensaje llega a calar y muchos se hacen eco de ese «quien usa, paga.»

Lo que muy probablemente no tienen en cuenta los desmotorizados es su propia dependencia de los vehículos que transitan por autovías y carreteras. Ya se darán cuenta, ya, cuando vean subir el precio de las patatas, de la carne, de las manzanas, del pan, del pescado, de las latas de conservas, de los garbanzos y de, en general, todo absolutamente; y de la leche… si, eso, de la leche. De los huevos, no; en España hace décadas que no se usan.

Porque todo, absolutamente todo lo que compramos en cualquier tienda, en cualquier supermercado, en cualquier gran superficie, debe ser transportado desde el punto de origen al de venta y, en muchos casos, haciendo una o varias paradas intermedias para el envasado y la distribución. Y prácticamente todos esos recorridos se hacen por carretera, generalmente autovía: las que ahora habrá que pagar.

Se transportan por carretera las patatas y la leche; la harina del pan y el café matutino; los productos de limpieza y la ropa. Y solamente los ignorantes o los embaucados sin muchas luces pueden creer que los fabricantes o envasadores; que los distribuidores o los comerciantes, van a asumir el coste de las nuevas tasas e impuestos.

Los repercutirán en el consumidor, que pagará más por cada cosa que necesite comprar. Y pagará el mismo precio por la barra de pan, el litro de leche, el kilo de patatas o la lata de atún el millonario que el pensionista. Pero lo que al millonario le supondrá una despreciable calderilla, al pensionista le hará sudar el bolsillo. Esta es la justicia impositiva del socialismo y el comunismo.

Aquí si que viene al pelo la afirmación del señor Monedero: “Los que ganan 900 euros y votan a la derecha no me parecen Einstein. Cuando tienes una conciencia falsa de la realidad y votas a tus verdugos, te estás equivocando.”

Quizá por eso -al menos en Madrid, por ahora- muchísima gente ha dejado de votar a los verdugos que so capa de sangrar a los conductores de vehículos, les clavan de refilón nuevos impuestos a todos los ciudadanos.

“Cuando votas a tus verdugos, te estás equivocando.” Sobre todo, si al mismo tiempo los verdugos tienen la desfachatez de no bajarse el sueldo ni siquiera simbólicamente; cuando no reducen, sino que aumentan, el número de ministerios, con su corte de asesores enchufados a dedo; cuando no reducen el número de diputados nacionales y regionales, ni de concejales, ni de asesores de los unos y los otros.

Efectivamente, señor Monedero: los que vuelvan a votar a estos verdugos de la ultraizquierda no deben ser Einstein.

Rafael C. Estremera ( El Correo de España )