En fechas pasadas, fue el Ejército galo quien mostró su más enérgica repulsa por la deriva que está tomando Francia en los últimos años, ahora son las Fuerzas del Orden, ambas Instituciones entienden que más allá del gobierno de uno u otro color está la Patria -que no la “matria” como pretende ahora que le llamemos esa “llorona” imbécil e inculta-, el honor y la dignidad. 

Hoy, celebramos el aniversario del Alzamiento Nacional, la respuesta que dio el pueblo español a la tiranía, la barbarie, la sinrazón y el sectarismo de un frente popular que se había hecho con el poder tras unas elecciones fraudulentas, donde el pucherazo, ejercido de forma artera y miserable, le dio el gobierno de la República.

Hoy, pasados tantos años de aquella fecha que, desgraciadamente, nos condujo a la guerra civil, una guerra entre hermanos que, quieran o no quieran estos miserables que nos gobiernan, tenemos que olvidar y superar, aquel fantasma del totalitarismo sigue presente entre nosotros.

Vivimos tiempos en los que, los mismos que claman contra la dictadura de Franco, defienden a capa y espada dictaduras canallas como la cubana, la china o la venezolana, sin que tal defensa les produzca el mínimo sonrojo y, encima, aduciendo que lo que allí sucede no es otra cosa que problemas derivados de la actitud de terceras potencias.

Tiempos en los que se procede a demoler los monumentos erigidos durante los años del franquismo, aduciendo que son restos de una dictadura, y, sin embargo, siguen en pie el del canalla de Largo Caballero, en la zona de Nuevos Ministerios de Madrid, o el del terrorista Che Guevara, este último colocado para escarnio de la libertad, en una glorieta del Ayuntamiento coruñés de Oleiros, por citar algunos ejemplos.

Vivimos tempos en los que un estulto comunista, convertido en Ministro por la gracia del tipo ese del pantalón de pitillo, pretende cargarse las escasas fuentes de ingreso que nos quedan -turismo, ganadería y motor-. El colmo del dislate y nadie le para los pies al tipo ese amante de los bogavantes.

Vivimos tiempos en los que, aduciendo la defensa de nuestra salud, se están llevando por delante nuestra libertad, cuando en realidad lo único que pretenden estos que nos gobiernan desde cualquier instancia es “salvar sus culos”, para evitar ser responsables de nada, aunque sea a costa de nuestra ruina total.

El verano está casi mediado y estoy por asegurar que los datos de afluencia del turismo son casi tan desastrosos como los del pasado año. Los alemanes, al igual que los ingleses y, supongo que habrá más, desaconsejan que se viaje a España lo que, a la postre, supondrá nuestra ruina total.

Estos canallas de la miserable podemía, con el concurso indispensable de los socialistas, tienen como objetivo que, en lo sucesivo, todos tengamos que vivir a expensas de sus paguitas y, de esta forma, perpetuarse en el poder para colarnos todas sus leyes sectarias y demagógicas que lo único que pretenden es atacar nuestra libertad, convirtiéndonos en sus siervos y esclavos.

Aquí nadie protesta y todo el mundo sigue oculto tras los bozales, callados y sumisos, mientras nuestros derechos más elementales se ven pisoteados a cada paso, cada día.

Ahora, nos salen con la vacuna obligatoria para todo el mundo, incluidos los niños, sin que todavía se sepa, a ciencia cierta, de donde ha salido y como se ha propagado este virus chino que no está llevando a la ruina más absoluta.

Sin embargo, a pocos kilómetros de nosotros, los franceses, tipos con los que no simpatizo, están dándonos una lección, clamando por su libertad, mientras entonan la Marsellesa. ¿Cuándo lo haremos nosotros?

¿Dónde están esos que el otro día en Madrid salieron a vociferar, exigiendo justica para el pobre de Samuel, ese buen chico que fue brutalmente asesinado en La Coruña?, ¿dónde están para exigir que se respeten nuestro derechos y libertades?

Claro, al pobre de Samuel, sin respetar si quiera los deseos expresos de su familia, quisieron convertirlo en una víctima al servicio de sus bastardos intereses. Sin embargo, cuando comenzaron a saber quien estaba detrás de su brutal asesinato y cuales fueron los móviles reales del crimen, entonces la figura de Samuel pasó a un segundo plano y ya no les interesa, toda vez que no pueden obtener la rentabilidad política que buscaban. Esa es la miserable ultraizquierda.

Es posible que algún día, todos nos demos cuenta de que, por encima de todo, está la Patria -que no la “matria”, imbécil-, el honor y la dignidad como han comenzado a entender nuestros vecinos los gabachos.

Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )