LA PELIGROSA INJERENCIA RUSA A TRAVÉS DE LA RED

Probablemente a OrwellHuxley y demás creadores de las célebres distopías de la literatura les habría parecido del todo inverosímil que un solo Estado pudiera nunca desestabilizar a la comunidad internacional sin movilizar ni a un soldado. Pero éste es el siglo en el que la guerra cibernética es una realidad que orillará cada vez más a las contiendas convencionales. Y regímenes sin escrúpulos en cuanto al respeto por las libertades individuales y las reglas democráticas toman posiciones en un espacio en el que lanzar el ataque resulta más sencillo que defenderse.

La propagación de noticias falsas y de medias verdades sobre Cataluña en las redes y en medios con objetivos claramente espurios es el último episodio de la gran guerra de propaganda y de injerencia en los asuntos internos de terceros países que se viene librando desde hace ya varios años, y que tiene en el punto de mira a una superpotencia como Rusia.

La premier Theresa May no ha podido ser más clara al acusar a Moscú de intentar desestabilizar las democracias occidentales y de «sembrar la discordia». «Sabemos lo que está haciendo y no lo conseguirá», afirmó tras conocerse las últimas pruebas sobre el apoyo ruso a ataques cibernéticos masivos. Antes que la británica, la canciller alemana, Angela Merkel, ya apuntó al Kremlin por estar detrás de una gigantesca maquinaria de manipulación de información con objetivos políticos, incluido el propósito de intervenir en procesos electorales, tal como ocurrió en elreferéndum del Brexit y en los comicios presidenciales de EEUU, que auparon a Trump a la Casa Blanca. La Inteligencia estadounidense no duda de que la propaganda masiva rusa, su ejército de hackers y su capacidad para multiplicar los altavoces de noticias falsas fueron determinantes para favorecer al republicano frente a Hillary Clinton. Y el propio Trump acaba de admitir que considera real la injerencia de Moscú.

En el caso catalán, las noticias falsas que se transmitieron de forma masiva a través de las redes tras el referéndum ilegal del 1-O también están conectadas con Rusia. Hasta el 55% de los perfiles falsos que transmitieron los bulos para influir políticamente y distorsionar la realidad estaba radicado en este país -otro 30% en Venezuela, lo que tampoco es casual-.

Estamos hablando de un asunto extraordinariamente grave y muy difícil de combatir. El Kremlin ha encontrado en el ciberespacio un campo de ataque muy fácil que le permite desestabilizar a Occidente y, a la vez, ganar influencia global. La respuesta, si se quiere eficaz, sólo puede ser coordinada. Pero el fenómeno debe ser afrontado con tanto rigor como urgencia.

El Mundo